Con el tiempo he descubierto que se puede mirar con el corazón y entonces se tiene una visión doble pero paradójicamente más exacta. Se ve con respeto, aceptación, compasión y ternura lo que cada uno está siendo aquí y ahora; pero se ve también con confianza, esperanza y entusiasmo lo que esa persona es capaz de ser.
Podrás comprender que cada cosa, por insignificante que parezca, tiene su lugar y su valor. Sólo es necesario adoptar la perspectiva adecuada al contemplarla.
Quisiera, además, que siempre recordases que por pertenecer a la vida podrás contar, en todo momento, con la fuerza de tu espíritu. Es una cualidad que si confiamos en ella todos podemos manifestar. Y consiste en saber encontrar algo que dar cuando parece que ya nada nos queda; y, dándolo, encontrar una puerta de salida al drama y a la adversidad.
En esos momentos también podemos aprender que, para comprender la vida, primero hay que amarla. Y que hay que creer para ver, pues con fe los ojos nos mostrarán lo que nuestro corazón quiere contemplar.
Si me pierdo, recordaré que mi rumbo está escrito en mi corazón. Y que aún en el sueño del olvido, todo a coro cantará a mi oído la canción de mi alma, la que aprendí de niño, la que canta el sueño que aún no se ha cumplido. Y cantarán así, hasta cantar conmigo en un común despertar agradecido.

¿Qué es aquello que puedes dar, y al darlo, en vez de quedarte con menos, sentirte pleno?
* * * * * *
¿Puedes sentir los intereses de otro como tus propios intereses?
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¿Valoras la tierra que pisas, el sol que te ilumina, el aire que respiras y las estrellas que en la noche te orientan?
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¿Honras el camino que te lleva, el sueño que te eleva y el alma que te anima?
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¿Qué es lo que tu corazón quiere contemplar?
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¿Sintonizas con la inocencia en tu corazón?
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¿Has descubierto el sosiego y la paz que surgen de la mútua colaboración?

Como sabe tu alma niña, aunque todo parezca igual, a cada instante, todo es diferente; y así visto, el presente resulta apasionante.

¿Qué desafíos has sabido percibir como oportunidades de aprender y crecer?
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¿Qué aspectos de tu ser aún no han encontrado formas de expresión?
* * * * * *
¿Incluyes en tu agenda momentos de diversión que puedas compartir con tu niño interior?
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¿Qué lugares, personas y eventos te ayudan a conectar con tu optimismo y alegría de vivir?

Ahora, al inspirar, imaginas que abrazas al alma que te anima, y, al expirar, te visualizas llenándote de su radiante energía. Hazlo así hasta sentirte lleno de vitalidad y vuelve a ese hogar cada vez que el desánimo aparezca en tu experiencia o cada vez que quieras recordar tu esencia más espiritual.
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"Lo que el corazón quiere contemplar"

Capítulo 5: Los dictados de mi corazón
Pasamos los primeros años de nuestra vida decidiendo qué partes de nosotros metemos en el saco, y ocupamos el resto tratando de vaciarlo.
Robert Bly

La carta se titulaba “Los dictados de mi corazón” , y eso le gustó a Diminuta Máxima, pues pensó que debía de haberla escrito alguien que, como ella en esos momentos, gustaba de escuchar a su corazón. Así que se dispuso a seguir leyendo con mucha curiosidad…

Querida, desde que sé de tu existencia me he sentido embargada, más que nunca, por una energía mezcla de entusiasmo, creatividad y alegría de ser. Quizás sea cosa de las estrellas, los biorritmos o las corrientes telúricas; pero yo lo asocio contigo y me sonrío pensando que si algunos científicos han llegado a afirmar que el aleteo de una mariposa es capaz de producir un terremoto en la otra punta del mundo, ¿por qué no iban a ser causa de este estremecimiento vital tierno y poderoso que me conmueve los recién escuchados latidos de tu corazón? Me gusta pensar que tú respiras y yo lo celebro en la forma que mejor me sale, que es abrazando la vida con todos sus anhelos, incluyendo también los sueños proscritos y los deseos olvidados.

También este párrafo fue motivo de entusiasmo para Diminuta Máxima porque hablaba de tener en cuenta las ilusiones postergadas, y ese era ahora el centro de sus empeños. No sabía quién escribía esa carta pero entendía lo que sentía. Así que continuó leyendo aún con más interés….

Ahora que empiezas a aventurarte por los caminos de la vida creo que será interesante que recuerdes que las opiniones que los demás tienen de ti no te definen, les definen a ellos. Definen su mirada, la forma en que ellos son capaces de contemplarte. Con el tiempo he descubierto que se puede mirar con el corazón y entonces se tiene una visión doble pero paradójicamente más exacta. Se ve con respeto, aceptación, compasión y ternura lo que cada uno está siendo aquí y ahora; pero se ve también con confianza, esperanza y entusiasmo lo que esa persona es capaz de ser.

—¡Oh, sí, sí! Ella también sabía lo que era mirar así, —pensó Diminuta Máxima. En realidad eso era lo que estaba motivando su viaje. Observar lo que aún todo podía y quería ser, y pensar al contemplarlo, como decía una de sus máximas preferidas: Hoy es siempre todavía . Y prosiguió la lectura sintiéndose muy contenta…

No te preocupes demasiado por las apariencias. Más allá de lo que somos capaces de entender es posible intuir una belleza, una armonía y unos órdenes del amor que hablan de plenitud, paz y alegría. Cuando te desorientes busca esos vislumbres. Confía en que los encontrarás. Te voy a contar algunos que a mí me han maravillado y rescatado siempre: Escucha cantar a un coro; date cuenta de cómo son capaces de hacerse uno con sus voces. Abraza a otro ser humano, si puede ser a un niño; observa cómo eres capaz de entenderle aunque su idioma y su cultura te sean extraños. Párate en un verso; el baile de sus palabras te trasportará a una comprensión más allá de los signos. Contempla un cuadro al óleo, fija tu mirada en una pincelada y dile “existes y te veo”; luego observa el cuadro en su totalidad pero sin perder de vista ese trazo particular. Podrás comprender que cada cosa, por insignificante que parezca, tiene su lugar y su valor. Sólo es necesario adoptar la perspectiva adecuada al contemplarla.

Este párrafo le pareció muy importante porque incluía instrucciones para el caso de desorientarse. Llegado a este punto, Diminuta Máxima ya estaba considerando que era una carta que podía serle muy útil para su viaje, de manera que continuó leyendo, concentrando toda su atención…

Quisiera, además, que siempre recordases que por pertenecer a la vida podrás contar, en todo momento, con la fuerza de tu espíritu. Es una cualidad que si confiamos en ella todos podemos manifestar. Y consiste en saber encontrar algo que dar cuando parece que ya nada nos queda; y, dándolo, encontrar una puerta de salida al drama y a la adversidad. Suele ser hermosa la manera en que toma forma y presencia este poder, pues todo empieza con una pequeña decisión, un primer paso, algo sencillo pero que finalmente resulta ser la entrada a la alegría de vivir, porque la propia vida ha encontrado su rumbo verdadero. En esos momentos también podemos aprender que, para comprender la vida, primero hay que amarla. Y que hay que creer para ver, pues con fe los ojos nos mostrarán lo que nuestro corazón quiere contemplar.

Y ahora, la carta hablaba de un recurso que ella también conocía aunque no le había puesto nombre. ¿Acaso no era eso lo que le estaba sucediendo al ofrecer su apoyo a los elementos frustrados de su biblioteca, aun cuando todavía ni siquiera había encontrado sus mapas y lo que más claro veía era su pequeñez? Así iba reflexionando Diminuta Máxima. ¡Le estaba encantando leer esta misiva!

También quiero contarte que además de los senderos que recorras dentro de tus zapatos, la vida te ofrecerá la posibilidad de descubrir espacios que únicamente podrás transitar de la mano de unos cuantos sentimientos. Para embarcarse en ese tipo de aventura hay que ponerse de acuerdo para obtener un billete compartido. De ahí que sea necesaria la compañía de otro; aunque, al adquirir ese billete y emprender juntos el periplo, sucede, en algunas benditas ocasiones, que uno no sabe si el impulso del propio paso viene de tu corazón, del corazón del compañero o del mismo latir de la vida que se ha quedado enredada en tan prometedora aventura. No es que sea un solo caminar, pero es sentirse unido en un único aliento, en busca de un común sentimiento.

Para hacerse con un billete así y poder emprender este tipo de excursiones hay que hacer acopio de una buena disposición de ánimo, de forma tal que puedas sentir los intereses de otro como tus propios intereses. Y que al sentirlo, sientas también que por sentirlo vibras feliz y que tal sentimiento es compartido. Como si el mundo de fronteras, clases, culturas y lenguajes se hubiera diluido y sólo quedase un campo despejado de tierra solidaria que quiere ser recorrido. Son lugares donde no importa mucho el paisaje, sino el amor que se respira.

—¿Habrá un lugar así? ¿Un lugar en el que se tengan en cuentan los sueños no cumplidos y todo el amor que aún no ha podido ser? ¿Podré encontrar a otros que quieran conmigo ensayar a remontar los vuelos y avivar las brasas del alma cuando se te ha quedado el corazón muy frío? Mientras se hacía estas preguntas, Diminuta Máxima pensó que si no existía un lugar así, valdría la pena crearlo; y eso aún le animaba más a ponerse de viaje.

Asimismo quiero decirte que para avanzar por la vida tendrás que tener en cuenta la tierra que pisas, pero también el sol que te ilumina, el aire que respiras y las estrellas que en la noche te orientan. Pero sobre todo tendrás que escuchar tu corazón. De su mano, podrás reconocer y agradecer el camino que te lleva, el sueño que te eleva y el alma que te anima.

Desde hace algún tiempo, yo tengo claro lo que quiere contemplar mi corazón, lo tengo resumido en unas frases que también quiero compartir contigo: ‘Por pequeño que sea, todo sueña; y siguiendo el sueño que canta en su corazón, todo encuentra su sitio, su valor y su función en otro sueño aún mayor, donde vibrando en sintonía, todo despierta latiendo con un solo corazón’.

Espero que en mi sueño feliz, tu sueño feliz se alcance y por eso he querido escribirte, pues aunque tú no me veas y yo sólo te adivine, creo que respiramos juntas y hay un mismo entusiasmo que nos guía.

Y por último, unas palabras más, un estribillo para repetirlo cuando el camino presente giros arriesgados, confusas bifurcaciones, abismos o pendientes: ‘Si me pierdo, recordaré que mi rumbo está escrito en mi corazón. Y que aún en el sueño del olvido, todo a coro cantará a mi oído la canción de mi alma, la que aprendí de niño, la que canta el sueño que aún no se ha cumplido. Y cantarán así, hasta cantar conmigo en un común despertar agradecido’.

¡Feliz viaje!

Diminuta Máxima supuso que quien había escrito la carta también era quien había escrito el deseo en el tarjetón encontrado en su biblioteca. ¿Sería también quien había recogido el manuscrito inacabado? ¿Podría ser que hubiera intercambiado carta por apuntes? Si fuera así, dado que decía estar ocupándose de anhelos postergados, esperaba que tuviera en cuenta el deseo de ese manuscrito inacabado y que dispusiera su ánimo para finalizarlo.

Aunque parezca extraño, Diminuta Máxima no se asombró de que alguien estuviera por ahí y ella no pudiera verle. Estaba desde siempre acostumbrada a que los demás, como decía quien escribía la carta, más que verle le adivinasen, y consideraba con naturalidad que eso es lo que suele pasar cuando una es diminuta y se encuentra entre gente de otras dimensiones.

Fuera como fuera, pensó Diminuta Máxima, si seguía manteniendo su visión en el sueño expresado en el tarjetón, todo apoyaría a todo y todo quedaría encantado cumpliendo su particular misión. ¡La vida toda sería una celebración! Eso le entusiasmaba, así que se puso en pie de un salto, metió la estrella de cristal envuelta en papel de seda en el bolsillo izquierdo de su camiseta, sacó sus botas del armario y les dijo sonriente: —¡Nos vamos de viaje! Luego miró a su alrededor, y con una mirada cómplice afirmó: —Por pequeño que sea, todo sueña, y vamos a seguir el sueño que canta nuestro corazón. ¡Veremos dónde nos lleva!

InspirAcción
El alma que te anima
Sigue tu dicha y se abrirán puertas allí dónde antes no las había.
Joseph Campbell

Ha llegado el momento de jugar a sentarte en un lugar tranquilo y, en tu cuaderno de apuntes, escribir una carta de aliento a tu alma niña. Hazle saber que camináis juntos y que juntos vais a poder ver hecho realidad lo que vuestro común corazón quiere contemplar.

Recuérdale todos los desafíos que habéis afrontado en vuestra vida y cómo los habéis transformado en oportunidades de aprender y crecer. Agradécele la energía que te aporta, transmítele entusiasmo y confianza. Dile que en este viaje interior vais a poder integrar todos los aspectos de vuestro ser cuya energía aún no ha encontrado forma de expresión. Y asegúrale que, con frecuencia, pararás tu paso y te quedarás en silencio hasta intuir su presencia y sintonizar con su inocencia.

Y para que te sienta cerca juega a hacerlo así una vez acabes la redacción de tu mensaje. Te doy una sugerencia para este momento de encuentro y meditación: Busca un lugar tranquilo y asegúrate de que no te van a interrumpir. Siéntate manteniendo tu espalda erguida, cierra los ojos y comienza por tomar conciencia del ritmo de tu respiración. Con cada expiración imagina que estás yendo más y más adentro, queriendo alcanzar el centro de tu ser, tu hogar interior. Después de unos minutos respirando así, imagina que ya has llegado y que ahí, en medio de una gran paz habita tu alma niña, guardando toda la creatividad que vuestros sueños necesitan respirar para hacerse realidad. Teniendo en cuenta este pensamiento sigue poniendo atención al ritmo de tu respiración. Ahora, al inspirar, imaginas que abrazas al alma que te anima, y, al expirar, te visualizas llenándote de su radiante energía. Hazlo así hasta sentirte lleno de vitalidad y vuelve a ese hogar cada vez que el desánimo aparezca en tu experiencia o cada vez que quieras recordar tu esencia más espiritual.

También, como reconstituyente para el ánimo, cuando te encuentres vacío o creas que ya nada te queda, recuerda preguntarte: ¿qué es lo que yo puedo dar? Y entrega aquello que aparezca como respuesta. Confía en que haciéndolo pasarás de sentirte victima a saberte protagonista movido por la fuerza de tu espíritu, leal militante de la vida. Con esta actitud también cultivas esa disposición de ánimo desde la que puedes contemplar los intereses de otros como tus propios intereses, y sentir el sosiego y la paz interior que proviene de la mutua colaboración.

Además, recuerda a menudo que cual Totalidad estás en un universo de recreo y eso significa que toda acción lleva incluida una lúdica intención. Para promover esta disposición, planea e incluye en tu agenda momentos de diversión que puedas compartir con tu niño interior.

Confecciona una lista de lugares, personas y eventos que te ayudan a conectar con tu optimismo y alegría de vivir, y tenla en cuenta cuando el aburrimiento te empiece a hacer cosquillas en los pies.

Visita lugares y realiza actividades que despierten tu interés y apoyen el despliegue de tu creatividad. Permítete asombrarte. Como sabe tu alma niña, aunque todo parezca igual, a cada instante, todo es diferente; y así visto, el presente resulta apasionante.

Y ahora, repasa otra vez tu lista de deseos y las descripciones de tus visiones, revisa las primeras acciones que ya estás promoviendo para apoyarlos, recita la frase escrita en el tarjetón hasta que tu corazón lata contento, acaricia tu estrella, contempla el collage de tu vida soñada, y con una mirada cómplice hacia todo lo que quiere llegar más lejos, afirma: ¡Nos vamos de viaje! Por pequeño que sea, todo sueña y vamos a seguir el sueño que canta nuestro corazón. ¡Veremos dónde nos lleva!

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