Al escucharle Bota Rebotada se sintió emocionada y deseosa de comenzar esta nueva etapa de su vida. En ese momento comprendió que todo lo que le había sucedido anteriormente había facilitado este encuentro, y sonrió aliviada porque comprendió que estaba en buenas manos; aunque siempre había pensado que se sentiría bien cuando estuviera en buenos pies.
Pues bien, el gran armario deseaba que algún joven roble lograse pasar de la categoría de roble estrellado contra el suelo a la de roble estrellado mirando al cielo, por coronado en su copa con una estrella, mientras seguía siendo un imponente roble bien enraizado en la tierra.
Vibrar con Bota Rebotada implica vibrar en la confianza de que, en algún giro del camino, podrás percibir el sentido de todo lo vivido, que en medio de las dificultades está la oportunidad, que “hay siempre un momento en que algo cambia y todo adquiere un brillo que luce a medias entre un encantamiento y una maravilla”, y que, aunque lleguen en formas insospechadas, es posible contemplar tus sueños hechos realidad.
Después, imagínate que cual bota rebotada eres tu propia vida, y que estás deseosa de ser útil y contenta de formar parte de esta aventura. Más allá de tu apariencia y logros actuales, al estilo del armario de roble de Diminuta Máxima, confías en que en tu naturaleza está la sabiduría y los recursos para desplegar todo tu potencial.

¿Hasta qué punto eres consciente de la vida que eres, aquí y ahora?
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¿Estás en disposición de contemplar tu existencia como un tesoro?
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¿Qué es lo que admiras de tu momento presente?
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¿Hacia qué sientes agradecimiento?
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¿Qué honras y valoras?
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¿Reconoces todo aquello que está colaborando a que puedas avanzar por tu camino y disfrutar de esa vivencia?
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¿Abrazas tu vida con entusiasmo y gratitud?

Despertar a la frecuencia de vibración de Bota Rebotada significa jugar a tomar conciencia, con inocencia, asombro y confianza, de la vida que eres, aquí y ahora, incluyendo materia y forma, capacidad y sentido, sueños y esperanzas.
Deja que tu alma niña visualice vuestra vida y la ves como fuente de dones, encanto y abundancia. No sabe cómo pero sabe que así quiere que sea.

¿Qué imágenes representan tu soñada realidad?
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¿Qué ves cuando visualizas tus sueños en su más feliz realización?
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¿Qué símbolos te pueden ayudar a recordar, lo que en tu experiencia, tu corazón quiere contemplar?

Más allá de tu apariencia y logros actuales, al estilo del armario de roble de Diminuta Máxima, confías en que en tu naturaleza está la sabiduría y los recursos para desplegar todo tu potencial.
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"Lo que el corazón quiere contemplar"

Capítulo 4: Bota Rebotada o cómo calzar los sueños
En el centro de la dificultad yace la oportunidad.
Albert Einstein

Antes de entrar a formar parte de nuestro clan, Bota Rebotada tuvo también su propio recorrido individual. Es sabido que descendió por el color rojo del arco iris y comenzó su periplo como un singular calzado de material fuerte y resistente, con una gruesa suela en su base, y el cuerpo lleno de hebillas y cordones. El color de su piel se parecía a las piedras del suelo, a las arenas del desierto y al polvo de los caminos. Formaba parte de la familia de los zapatos y su tamaño era el más grande de su especie. Pero de aquel primer tiempo lo que quiero que sepas es que era una bota que se avergonzaba de sí misma.

Sus comienzos no le ayudaron mucho a mantener su autoestima, pues en la primera zapatería en donde la expusieron fue colocada en un rincón del escaparate, dado que si la ponían en primera fila, por su gran tamaño, tapaba todo lo demás. A su lado y por delante colocaron unas finas sandalias, esbeltos mocasines de ante, exquisitas babuchas de seda, unas livianas zapatillas de ballet y hasta unos diminutos botines para bebés llenos de colores y encanto. Nadie se interesó por ella y a las pocas semanas la volvieron a meter en su caja. Bota Rebotada pensó que no servía para nada, que quizás estaba mal hecha y que se quedaría sin saber lo que era ser calzada, cuidada, considerada con aprecio y llevada por el mundo a descubrir nuevos caminos. Pensó que pasaría su vida encerrada o en la esquina de algún escaparate, sintiendo envidia hacia los zapatos que eran escogidos.

Pero sucedió que la zapatería fue asaltada por unos ladrones y Bota Rebotada formó parte del botín. Así empezó una época muy dolorosa para ella porque se la quedó un muchacho para quien su tamaño no era el adecuado y se le hicieron ampollas en los pies. —¡No servís para nada!, —le oía gritar. —Sois duras y bastas, y sólo sabéis producir heridas. Escuchándole, Bota Rebotada, se encontraba cada vez más confundida. Se sentía culpable pero no sabía por qué, pues no estaba en su horma la intención de hacer daño. ¿Por qué nadie reconocía su capacidad para proteger, para abrigar y para colaborar a mantener el equilibrio? Fue una época en la que hasta dudó de su identidad, pues su propietario, siempre metidos en peleas, más que como calzado la utilizaba como arma arrojadiza.

Finalmente fue vendida a una tienda de calzado usado. Y allí ocurrió el milagro. Ese que vas a ver que siempre llega en la vida de todos los componentes de nuestro clan, pues al ser partes de un Sueño Feliz de Totalidad, hay siempre un momento en que algo cambia, y todo adquiere un brillo que luce a medias entre un encantamiento y una maravilla.

Un día, cuando más estaba sintiendo la vergüenza de ser mostrada con su precio totalmente devaluado, como si lo único que quisieran fuera quitársela de encima a cualquier coste, entró en la tienda una niña con ojos inocentes y sonrisa entusiasmada que pidió le acercaran el enorme calzado expuesto en el escaparate. Examinó la bota de cerca y dijo estar muy contenta de que en su interior cupieran dos o tres pies como los suyos, y quizás también sus manos. —¿Es un regalo que quieres hacer a tu papá?, —preguntó el vendedor, que no entendía el interés que podía tener la niña en esa compra. —No, no …, —respondió la pequeña, —no es para hacer un regalo, es para recibir muchos regalos. Y continuó la explicación: —Me han dicho que hemos de poner nuestros zapatos en la chimenea de forma que se vean bien. Todos en mi familia son altos y tienen unos enormes pies, así que he pensado que necesito unas botas muy grandes, no sea que mis minúsculos zapatos pasen desapercibidos. Estas serán las botas que utilizaré cada Navidad y las mantendré limpias y bien cuidadas porque tienen una importante misión que cumplir.

Al escucharle Bota Rebotada se sintió emocionada y deseosa de comenzar esta nueva etapa de su vida. En ese momento comprendió que todo lo que le había sucedido anteriormente había facilitado este encuentro, y sonrió aliviada porque comprendió que estaba en buenas manos; aunque siempre había pensado que se sentiría bien cuando estuviera en buenos pies.

Y ahí estaba ahora Diminuta Máxima, delante de esas botas que habían quedado olvidadas dentro su armario de roble, sintiendo que su corazón latía aceleradamente, como en aquellos tiempos en los que al amanecer las encontraba repletas de juguetes. Pero, ¿qué era ese objeto envuelto en papel de seda que estaba dentro de su bota izquierda? ¡La estrella del árbol de Navidad! Esa que entonces veía brillar en lo más alto, viéndola ella desde la altura más bajita. Se podría decir que con la visión de la colocación de esa estrella en la copa del árbol nació en Diminuta Máxima el deseo de llegar muy lejos hacia arriba. Y ahora resulta que era la estrella la que dormía a ras de tierra, en el fondo de unas botas destinadas a calzar sueños; pero que, en la actualidad, ejercían de calzado jubilado de quimeras. Y ya no había ningún árbol luminoso, sino un deslustrado y quejumbroso armario de madera. Realmente nada parecía estar siendo lo que quería ser.

—Quiero que todos sepan —oyó decir entonces al gran armario— que hubo una época en la que el árbol roble era considerado sagrado, el rey de los árboles del bosque y el guardián de sabios conocimientos. Era fuente de inspiración, símbolo de fortaleza, y era también sabido que los robles eran imponentes en cuanto a su porte pero también acogedores; siendo su corteza hogar y alimento de diminutos seres, y sus alrededores lugar elegido para los más coloristas festivales, como los del solsticio, en los que las gentes acudían al bosque, le llevaban ofrendas y le dedicaban canciones. Pero según cuenta la leyenda, existió un hombre llamado Bonifacio, que quiso convencer a los pobladores de esos bosques de que el roble no era sagrado y que no era merecedor de esos honores. No se sabe cómo lo consiguió, pero el caso es que en el momento en que daba tal discurso, un roble cayó y arrasó todo lo que se interpuso en su caída. Todo menos un árbol abeto, que el tal Bonifacio consideró un árbol divino por haber quedado intacto junto al roble caído.

—Desde entonces —crujió el gran armario de roble, —en el corazón de algunos de nuestra especie canta un sueño que aún no ha quedado cumplido.

El deseo del gran armario, según confesó a Diminuta Máxima, era ver si alguno de sus descendientes podía recuperar la tradición de antes del incidente; aquella según la cual se reunía alrededor del roble mucha gente, y celebraban juntos la luz naciente. Había sabido que, posteriormente, las gentes tomaron por costumbre adornar los abetos y colocar en su copa una brillante estrella. Pues bien, el gran armario deseaba que algún joven roble lograse pasar de la categoría de roble estrellado contra el suelo a la de roble estrellado mirando al cielo, por coronado en su copa con una estrella, mientras seguía siendo un imponente roble bien enraizado en la tierra.

Después de escuchar al gran armario, Diminuta Máxima se sentó para hacer un repaso de todos los sueños que le estaban siendo confiados. Estaba el sueño de los libros olvidados, el del manuscrito inacabado, y ahora también extraviado, el de los folios descoloridos, el del tarjetón, el de las botas, el de la estrella, y el del gran armario, que era en realidad un sueño pendiente de toda su arbórea especie. Y otra vez sintió latir su corazón muy fuerte. Otra vez estaba entusiasmada, aunque también un poco asustada, pues llegaba el momento de ponerse en marcha; pero aún no había encontrado los mapas.

En ese momento recordó la carta que había descubierto dentro de la carpeta. Era un abultado sobre en el que estaba escrito lo que parecía ser la descripción de su contenido: “Carta de reconocimiento, coordenadas de situación y orientaciones sobre giros y bifurcaciones”.

—¿No estabas buscando mapas?, —se dijo a sí misma. —Las cartas de reconocimiento también son como mapas, pues dan fe de que algo ha sido contemplado y valorado hasta el punto de querer dejar constancia de que eso existe, —siguió explicándose como si necesitara alguna justificación para considerar que, una vez más, como en aquellas mágicas y antiguas noches, al ver sus botas veía también lo que tanto había deseado.

Finalmente, abrió la carta, la desplegó y la leyó despacito y con mucha atención.

InspirAcción
La horma de una estrella
Puede que haya nacido en un cuchitril, pero estoy determinada a viajar con el viento y las estrellas.
Jacqueline Cochran, aviadora

Despertar a la frecuencia de vibración de Bota Rebotada significa jugar a tomar conciencia, con inocencia, asombro y confianza, de la vida que eres, aquí y ahora, incluyendo materia y forma, capacidad y sentido, sueños y esperanzas.

Significa jugar a hacerlo aunque ahora, o en algún otro momento, hayas sentido vergüenza al comparar tu vida con la forma de otras vidas, te hayas confrontado con la pena de creer que a nadie le interesas, te hayas sentido inútil o con miedo a no encontrar lugar donde brillar entre todo lo demás.

Supone, aún sintiendo todo eso, jugar a seguir ahí, siendo lo que eres y siendo a la vez todo lo que quieres llegar a ser. Es decir, se trata de jugar a contemplar tu existencia, tenga la forma que tenga, como vehículo útil, el punto de encuentro entre los sueños y la tierra firme de la vida.

Vibrar con Bota Rebotada implica vibrar en la confianza de que, en algún giro del camino, podrás percibir el sentido de todo lo vivido, que en medio de las dificultades está la oportunidad, que “hay siempre un momento en que algo cambia y todo adquiere un brillo que luce a medias entre un encantamiento y una maravilla”, y que, aunque lleguen en formas insospechadas, es posible contemplar tus sueños hechos realidad.

Si dejas que ella tome vida en tu vida, Bota Rebotada te va a enseñar que más allá de los juicios basados en las apariencias, todos tenemos un sitio, un valor y una función; y desde alguna perspectiva todo puede ser admirado, si a tu mirada le pones inocencia y corazón.

Diminuta Máxima considera a Bota Rebotada como un precioso tesoro y para alcanzar esa frecuencia de vibración, tendrás que comenzar por contemplar tu vida, tu “bota rebotada”, con esa misma consideración.

Para ello, vuelve a tu cuaderno de apuntes y anota todo lo que descubras que, formando parte de tu experiencia, está colaborando a que puedas avanzar en tu camino y disfrutar de esa vivencia. Juega a bendecir todo elemento incluido en esa trama existencial; es decir, nómbralo con estimación y hónralo dándole reconocimiento en tus anotaciones. Hazlo así hasta sentir que estás abrazando tu presente con entusiasmo y gratitud. Y vuelve a esta actividad cada vez que tu atención solo esté teniendo en cuenta algún tipo de carencia o insatisfacción.

Deja que tu alma niña visualice vuestra vida y la vea como fuente de dones, encanto y abundancia. No sabe cómo pero sabe que así quiere que sea. Diminuta Máxima escribía sus deseos y confiaba en despertar contemplando sus botas llenas de regalos. El niño que hay en ti, ya tiene su carta escrita. ¿Recuerdas tu tarjetón de doble faz? Repasa tu lista de sueños y luego busca una cartulina del color de las piedras del suelo, las arenas del desierto o el polvo de los caminos, recorta el contorno de unas enormes botas, y en su interior realiza un collage que incluya tu foto sonriente y otras imágenes que para ti representen tu vida, calzando esa feliz y soñada realidad. Coloca ese collage en un lugar bien visible para que te ayude a recordar lo que, en tu experiencia, tu corazón quiere contemplar.

Después, imagínate que cual bota rebotada eres tu propia vida, y que estás deseosa de ser útil y contenta de formar parte de esta aventura. Más allá de tu apariencia y logros actuales, al estilo del armario de roble de Diminuta Máxima, confías en que en tu naturaleza está la sabiduría y los recursos para desplegar todo tu potencial. Para afirmarte en esa frecuencia de vibración, con convicción, recita la siguiente aseveración: Soy parte de la vida. Aquí y ahora tomo conciencia de su abundancia y poder creador.. Juega a recitar esta frase cada mañana cuando te despiertas, al momento de poner tus pies sobre el suelo. Y hazlo sabiéndote vida en su infinita aventura de expansión.

Además, en esta etapa del juego, te sugiero elaborar el símbolo de tu estrella personal. Puedes buscar un mándala o diagrama concéntrico ya dibujado, o perfilarlo tú mismo organizando los trazos en forma armoniosa alrededor de un punto central. Mientras lo coloreas imagina que en ese espacio quedan integrados cada uno de tus sueños en su más feliz realización. Guarda esa estrella en algún bolsillo de tu camisa y del alma, siempre bien cerca del corazón. Simboliza tu misión y tu visión. Representa tu radiante expansión. Va a ser para ti, fuente de entusiasmo y motivación.

Y también es el momento de poner por escrito los ánimos que quieres transmitir a tu niño interior al comenzar este viaje compartido. Para inspirarte te invito a acompañar a Diminuta Máxima en la lectura de la carta que ella se encontró.

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