Dríada Emma y las Maribrujillas son famosas en valles, bosques y florestas por sus infusiones, sus esencias florales y sobre todo por sus peculiares bailes, sus originales conciertos y los singulares juegos de sus fiestas, en los que siempre se buscan y se encuentran, en medio de coloridos diagramas concéntricos, amorosos órdenes alrededor de un centro.
Al final de esos eventos, dentro y fuera de cada participante, parece reinar un equilibrio basado en nuevos cauces estabilizadores de energías, en fluidas corrientes de dignidad y respeto, y en un fondo de amor que abarca en un único abrazo, diversidad y acuerdo, libertad y pertenencia.
Les encantaba encontrar nuevos matices, hacer extrañas combinaciones, buscar insospechadas asociaciones, desarrollar inesperados inventos, y descubrir nuevos significados y funciones. Y sobre todo, a diferencia de las gentes de aquel lugar, ellas amaban los círculos abiertos que cual espirales expansivas todo lo abarcaban, en vez de las líneas fijas que como fronteras cerradas todo lo separaban.
Ellas, sin embargo, expertas en vislumbrar sutiles energías, descubrieron pronto la vida que en el interior de aquel páramo latía, así que se pusieron manos a la obra y elaboraron un plan de emergencia cuyo primer objetivo era hacer notar su presencia respondiendo a la llamada de auxilio recibida, revitalizar todo tipo de energías y promover un espontáneo movimiento de vida, que equilibrando flujos y cauces facilitase el florecimiento de todo lo que allí existía.
Las Maribrujillas se concentraron en dar respuesta a la llamada a Sintonía que emitía el fondo del lago. Para ello utilizaron unas gigantescas calabazas que, tras haber vaciado y limpiado con esmero, colocaron invertidas sobre las aguas siguiendo el círculo que formaban sus orillas, turnándose para repicar en el cascarón con sus manos. Con esa forma de tañer las calabazas, conseguían un sonido profundo y seco que se parecía mucho al latido de un corazón, y pretendían decirle al lago que le habían escuchado y estaban presentes, comprendiendo sus sentimientos y dispuestas a apoyarle en su intención.
De forma especial, Dríada Emma trabajaba subiendo a la copa del roble y convocando con sus giros a todo lo que pudiera ayudar al árbol a cumplir su sueño, porque Emma temía que al estar el lugar tan gélido y solitario, bastante desnudas sus ramas y vacías hasta las agallas de su corteza, el corazón de su roble se estuviera quedando tan frío que el sueño que albergaba, y a ella había sido confiado, muriera congelado.
Quería poder abrigar a su roble, hacerle un traje adecuado que diera calor a su tronco, a sus ramas, a sus raíces, y también arropara su alma y resguardara todos sus sueños.
Nadie en esta reunión sabía explicar con claridad en qué consistía concretamente el extraño sueño de ese roble, pero era función de las dríadas ayudar a los jóvenes árboles a desarrollarse en todas sus dimensiones, incluidas sus ilusiones. Así que sería labor de dríada Emma cuidar a este roble, y tarea de las Maribrujillas apoyar al lago que desde su pálpito más hondo y seguro, que por el frío tiritando, pedía auxilio y llamaba al encuentro en Sintonía.

¿Cuales son los felices sueños que canta tu corazón?
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¿Mantienes tu efectiva disposición de apoyarlos en su realización?
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¿Estás abriendo tu conciencia a toda la vida que quiere manifestarse a tu través?
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¿Cómo se está desplegando tu potencial de ser?
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¿Está aumentando tu sentido de aportación?
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¿Confías en la inteligencia de tu corazón?
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¿Te sientes enraizado en la abundancia de la vida y en su poder creador?
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¿Estás percibiendo el despertar de nuevas energías?

¿Dispuesto a ser el roble que logre pasar de la categoría de roble estrellado contra el suelo a la de roble estrellado mirando al cielo, por coronado en su copa con una estrella, mientras sigue siendo un imponente roble bien enraizado en la tierra?
Eso significa sentirte un ser humano, hombre o mujer, con todas tus energías encendidas, luciendo radiante en la frecuencia de vibración que simboliza tu estrella personal, y habiéndote sobrepuesto a cualquier negativa creencia o maldición, culpa o sensación de no merecimiento, palpitando en tu memoria ancestral.
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Tal activación significa haber sintonizado con tu inteligencia más espiritual, capaz de ir más allá de las dualidades que separan y fragmentan, a la vez que amar la posibilidad de contraste y diversidad que ellas potencian, para experimentar no solo el poder creador sino también la belleza de la creación.

¿Te estás atreviendo a experimentar con nuevas formas de ser?
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¿Estás cambiando el paso a tus rutinas?
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¿Qué es lo que, por el simple deseo de jugar, estás probando más allá de lo habitual?
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¿Qué aspectos de tu experiencia vital están llamándote al cambio?
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¿Qué acciones pueden favoracer esa transformación?
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¿Qué enfoques pueden lograr un mayor equilibrio, belleza y armonización en tu mandala existencial?

Mientras imaginas que una espiral de energía fluye libre dentro y fuera de ti, recita, con convicción y determinación, la siguiente afirmación: "Todo tipo de recursos fluyen a mi vida con facilidad y abundancia, y me siento feliz compartiendo este caudal de prosperidad". Hazlo así hasta que te sientas lleno de confianza, vitalidad y deseoso de colaborar en la expansión de la vida en su totalidad.
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Además...

Y enlaces sobre ...

Y tú, en tu personal travesía, ¿con qué traje de luz vas a vestir al árbol que hay en ti?
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Amor, poder creador y sabiduría dan como consecuencia la habilidad para crear y disfrutar un mundo de belleza, equilibrio y armonía. En ese proceso estás, realización creativa de tu destino personal.
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"Lo que el corazón quiere contemplar"

Capítulo 10: Emma, driada del árbol roble
Como el viento que busca y eleva las plumas del cuello de los gorriones, o alza las hojas en remolinos sobre los campos de flores, no encuentro un lugar donde pueda decir: ‘aquí mi ser concluye’.
Colin Oliver

Emma, dríada del árbol roble, forma parte de nuestro clan habiendo descendido por el color violeta del arco iris, aunque si nos fijamos en su melena multicolor, parece que todas las tonalidades hayan querido quedarse con ella. Todas las tonalidades y las Maribrujillas, que como son varias, brujillas, muy juguetonas y de todos los colores, gustan de camuflarse entre los ondulantes cabellos de Emma, columpiarse en sus rizos, deslizarse por el tobogán de sus trenzas o utilizar de liana sus tirabuzones. Emma y las Maribrujillas son inseparables, y no sabría decirte dónde empieza una y dónde acaban las otras, pero juntas llegan a todas partes.

Ahora, dríada Emma y las Maribrujillas son famosas en valles, bosques y florestas por sus infusiones, sus esencias florales y sobre todo por sus peculiares bailes, sus originales conciertos y los singulares juegos de sus fiestas, en los que siempre se buscan y se encuentran, en medio de coloridos diagramas concéntricos, amorosos órdenes alrededor de un centro. Al final de esos eventos, dentro y fuera de cada participante, parece reinar un equilibrio basado en nuevos cauces estabilizadores de energías, en fluidas corrientes de dignidad y respeto, y en un fondo de amor que abarca en un único abrazo, diversidad y acuerdo, libertad y pertenencia.

Pero no siempre ha sido así. Emma y las Maribrujillas se recuerdan en sus principios habitando un territorio en el que cuando los bebés comenzaban a caminar, se les enseñaba a moverse sin distraerse, siguiendo los caminos ya marcados para acercarse a cualquier cosa que les interesase. Entendiendo además que no cabía en ninguna sensata cabeza que pudiera quererse hacer algo que no supusiera ir paso a paso y avanzando en línea recta. Aprendían a ir hacia adelante o hacia atrás, cambiando de dirección en riguroso ángulo recto y siempre por las sendas que los adultos ya habían señalado anteriormente. Cualquier movimiento improvisado, cualquier dirección desconocida, era considerado en ese entorno como un desplazamiento potencialmente incorrecto y peligroso. Además, el ritmo siempre quedaba marcado por el tictac de los relojes que a su vez recordaba que no había que perder tiempo.

Es cierto que había adultos en ese lugar que habían logrado elevar su paso y habían llegado a ser equilibristas, caminando con mucho tiento y una gran pértiga sobre cuerdas suspendidas entre balcones, por ejemplo. Pero siempre esos caminos elevados seguían las mismas líneas rectas que estaban marcadas en el suelo, con profusión de carteles indicativos que tenían la intención de que nadie se confundiera, se desorientase o perdiera el tiempo “dando vueltas” por las calles; o como hacía la extraña criatura de los cabellos de todos los colores, girando sobre sí misma.

A veces Emma, con su melena recogida y las Maribrujillas sesteando en su coleta, también disfrutaba avanzando paso a paso, como hacían las personas del lugar, sobre todo cuando en los días más festivos algunos habitantes jugaban a caminar en línea recta haciendo todos idéntico paso al mismo tiempo. En esos días hacían sonar muy fuerte todos los relojes y su tictac marcaba el ritmo de su avance. Se sentían muy orgullosos de funcionar como un reloj; es decir, como una maquinaria precisa. Pero al final, Emma se aburría, las Maribrujillas comenzaban a dar vueltas en su cabeza y, para disgusto de todos, terminaba bailando, girando sobre sí misma.

En ese tiempo y en ese lugar, Emma era considerada un torbellino, y nadie comprendía por qué no se divertía como todos los demás. Y las Maribrujillas literalmente tenían a sus vecinos hasta la coronilla, dado que cuando éstas se mostraban más traviesas, jugaban a lanzarse como trapecistas cambiando de columpio, desde los tirabuzones de Emma hasta los mechones de cualquier otra melena, notando entonces el dueño de esa cabeza tirones y enredos en su sesera.

Pero te puedo asegurar que la intención de las Maribrujillas sólo era hacerles cosquillas; a ver si así, además del cuero cabelludo, también les picaba la curiosidad, y al ritmo de tal desazón cambiaban el paso y probaban otra experiencia. Porque sucedía que tanto Emma como las Maribrujillas sólo se conformaban con todo y les encantaba encontrar nuevos matices, hacer extrañas combinaciones, buscar insospechadas asociaciones, desarrollar inesperados inventos, y descubrir nuevos significados y funciones. Y sobre todo, a diferencia de las gentes de aquel lugar, ellas amaban los círculos abiertos que cual espirales expansivas todo lo abarcaban, en vez de las líneas fijas que como fronteras cerradas todo lo separaban.

Así que se encontraban más a gusto jugando en los campos y en las arboledas de los alrededores que en las cuadriculadas avenidas del pueblo. Disfrutaban en los huertos, en las rosaledas, durmiendo sobre los tréboles y jugando al escondite con otros seres del bosque. Y así fue como terminaron siendo alumnas de las hadas y los elfos, estudiantes en una escuela de duendes, discípulas de famosas ninfas, oyentes en misteriosas reuniones en donde seres de todas formas y colores compartían sus saberes y se ponían de acuerdo para ocuparse de los problemas en valles, montañas, claros y bosques, caminos, ríos, lagos y estanques. De esta forma fueron aprendiendo y desarrollando sus particulares artes y, como te decía antes, hasta se hicieron famosas sus especialidades.

Y llegó un día que en una de esos cónclaves fueron requeridas sus habilidades y se les encomendó una especial misión, para lo que tuvieron que trasladarse a otro territorio donde entumecido gemía un roble y donde una laguna congelada temía quedarse helada para siempre. En esa asamblea les explicaron que había sido escuchada una llamada a Sintonía, nombre de un territorio que en otro tiempo era considerado un paraíso, pero que ahora era un páramo frío y solitario, aun cuando allí había echado raíces un noble roble que soñaba con ser un roble estrellado.

Nadie en esta reunión sabía explicar con claridad en qué consistía concretamente el extraño sueño de ese roble, pero era función de las dríadas ayudar a los jóvenes árboles a desarrollarse en todas sus dimensiones, incluidas sus ilusiones. Así que sería labor de dríada Emma cuidar a este roble, y tarea de las Maribrujillas apoyar al lago que desde su pálpito más hondo y seguro, que por el frío tiritando, pedía auxilio y llamaba al encuentro en Sintonía.

Cuando Emma y las Maribrujillas llegaron al territorio habitado por el roble y la laguna, se encontraron con un lugar que parecía dormido, pero pronto se dieron cuenta que lo que allí sucedía era que todo estaba bloqueado; es decir, todo estaba como un bloque helado y la vida interior apenas se percibía. Ellas, sin embargo, expertas en vislumbrar sutiles energías, descubrieron pronto la vida que en el interior de aquel páramo latía, así que se pusieron manos a la obra y elaboraron un plan de emergencia cuyo primer objetivo era hacer notar su presencia respondiendo a la llamada de auxilio recibida, revitalizar todo tipo de energías y promover un espontáneo movimiento de vida, que equilibrando flujos y cauces facilitase el florecimiento de todo lo que allí existía.

En teoría, y dados sus particulares talentos, su misión no parecía difícil, pero pronto descubrieron que solas nunca lo conseguirían. Por eso se sintieron contentas y mucho más tranquilas cuando al lugar llegaron no sólo el Ogro Logro y la Sirena Serena, sino también un ángel, un duende y una famosa costurera.

Pero antes de hablar de ese encuentro, de cómo están empezando a trabajar en equipo, y de contarte parte del pasado de la costurera, el ángel y el duende, quiero explicarte algo más del roble y de la historia de Emma.

Ya te dije que en el bosque donde se hizo el cónclave se comentaba que el deseo más grande de este árbol, al menos antes de entumecerse con las heladas, era ser roble estrellado. Sin embargo, ese deseo a todos los de su alrededor confundía, pues justamente eso era lo que ese roble ya era. Es decir, dentro de la especie roble, era uno conocido como Quercus stellata, denominación que significa roble estrellado. Todos se preguntaban por qué ese árbol mantenía tal deseo si ese anhelo ya era un deseo realizado.

Ese asunto era un misterio y se encargó su resolución a Emma, nombrándole dríada reina, pues además de sus particulares dones apropiados para ayudar al árbol en este trance, sabían que Emma poseía una corona propia de dama soberana en cuyo centro faltaba una joya, y ese espacio vacío representaba la forma de una estrella. Quizás es que además, los magos, los duendes, las hadas y las ondinas astrólogas del cónclave sabían que estaba avanzando por los caminos una Diminuta Máxima que guardaba una estrella en su bolsillo, un deseo en su corazón y, en su memoria, una leyenda maldita referida a los robles; y que al confluir todos esos elementos se comprendería el misterio y se podría apoyar su resolución.

El caso es que mientras esperaban refuerzos, Emma y las Maribrujillas comenzaron a llevar a cabo sus primeras labores de auxilio. Dentro de esas tareas, las Maribrujillas se concentraron en dar respuesta a la llamada a Sintonía que emitía el fondo del lago. Para ello utilizaron unas gigantescas calabazas que, tras haber vaciado y limpiado con esmero, colocaron invertidas sobre las aguas siguiendo el círculo que formaban sus orillas, turnándose para repicar en el cascarón con sus manos. Con esa forma de tañer las calabazas, conseguían un sonido profundo y seco que se parecía mucho al latido de un corazón, y pretendían decirle al lago que le habían escuchado y estaban presentes, comprendiendo sus sentimientos y dispuestas a apoyarle en su intención.

Y eran sinceras al emitir este mensaje, pues cuando estaban realizando los preparativos para acudir a este paraje y cumplir su misión, una ninfa poeta les explicó que en otra época estuvo pasando un tiempo en las orillas del lago, recitando a las aguas sus versos, y de esos días recordaba una conversación que quizás pudiera serles útil en su tarea. Resultó que uniendo verso y broma, al lago, que le confesó que quería volver a ser laguna, la ninfa poeta respondió que ser laguna era ser lago más pequeñito en cuyo alrededor todos cantan a una. Y vio que el lago sonreía, como si esa definición le hubiera llegado al fondo, allí dónde la memoria de su corazón guardaba el recuerdo de lo que, en otro tiempo, sucediera en ese territorio.

¿Podría ser que todavía esa fuera su ilusión? Las Maribrujillas agradecieron esta información y decidieron empezar a responder con un concierto alrededor del lago, confiando además en que, con ese retumbe, quedase invocado el corazón de todo lo que en los alrededores se encontrase y así pronto llegar a ser una orquesta completa en el repique, y cantar todos a una, como decía el verso de la ninfa poeta, que era propio de una laguna.

Por su parte, y siguiendo con el programa de urgencia, Dríada Emma, que como ya es sabido tiene el cabello de todos los colores, comenzó bailando según el día, al ritmo de una tonalidad, sucediendo que en su onda de baile todo vibraba en sintonía con la frecuencia de esa coloración. De esta manera, y además danzando cada día en una altura distinta del árbol, lograba comunicar, desarrollar y equilibrar todos sus centros de energía.

De forma especial, Dríada Emma trabajaba subiendo a la copa del roble y convocando con sus giros a todo lo que pudiera ayudar al árbol a cumplir su sueño, porque Emma temía que al estar el lugar tan gélido y solitario, bastante desnudas sus ramas y vacías hasta las agallas de su corteza, el corazón de su roble se estuviera quedando tan frío que el sueño que albergaba, y a ella había sido confiado, muriera congelado. Quería poder abrigar a su roble, hacerle un traje adecuado que diera calor a su tronco, a sus ramas, a sus raíces, y también arropara su alma y resguardara todos sus sueños.

Por suerte, los sabios que organizaron el cónclave en el bosque ya pensaron en este asunto y dieron aviso a una original modista, muy famosa entre las hadas, las magas y los elfos, y especialista en trajes de luz. Emma, que ya fue informada de esta visita, espera ilusionada a tan delicada costurera.

InspirAcción
Círculos de amor y espiral de evolución
En todo caos hay un cosmos, en todo desorden un orden secreto.
Carl Jung

Vibrando con Diminuta Máxima comenzaste este viaje escuchando, con emoción, los felices sueños que canta tu corazón. Y decidiste jugar a caminar hasta alcanzar el horizonte en el que, esos sueños, pudieran contemplarse hechos realidad.

Territorio que es un estado de ser, en el que puede ser en libertad, toda la vida que quiere manifestarse a tu través.

Caminar que supone recorrer la vertical que va, desde la semilla de plenitud en el fondo de tu ser, hasta el máximo despliegue de tal potencial. Incluyendo, además, tomar consciencia de tu aportación vital, la luz de tu estrella personal, a la totalidad en la que tu vida inmersa está.

Recorrido que implica confiar en la inteligencia de tu corazón, potente energía que convoca a la integración en tu conciencia de ser. Energía que cual transparente y calmada laguna interior, en la entonación del amor incondicional, sirve de nutrición al roble que hay en ti.

¿Dispuesto a ser el roble que logre pasar de la categoría de roble estrellado contra el suelo a la de roble estrellado mirando al cielo, por coronado en su copa con una estrella, mientras sigue siendo un imponente roble bien enraizado en la tierra?

Eso significa sentirte un ser humano, hombre o mujer, con todas tus energías encendidas, luciendo radiante en la frecuencia de vibración que simboliza tu estrella personal, y habiéndote sobrepuesto a cualquier negativa creencia o maldición, culpa o sensación de no merecimiento, palpitando en tu memoria ancestral.

Jugando a enfocarte en tu crecimiento interior, habiendo activado el centro de tu ser y bien anclado en la abundancia de la vida y en su poder creador, has posibilitado la activación de tu más elevada, integradora y creativa energía, que responde a la frecuencia de vibración que emite tu corazón, llamando al encuentro en sintonía. Has despertado en ti a tu driada reina.

Tal activación significa haber sintonizado con tu inteligencia más espiritual, capaz de ir más allá de las dualidades que separan y fragmentan, a la vez que amar la posibilidad de contraste y diversidad que ellas potencian, para experimentar no solo el poder creador sino también la belleza de la creación. Capaz de salir, en creativa espiral, de los círculos cerrados de miedo y limitación y de de encontrar armonías entre diversas frecuencias de vibración, permitiendo que en tu conciencia el sonido de la vida dibuje más luz, color, movimiento y geometría.

Jugar a dar vida en tu vida a Emma y las Maribrujillas significa jugar a experimentar con nuevas formas de ser porque ellas sólo se conforman con todo y les encanta encontrar nuevos matices, hacer extrañas combinaciones, buscar insospechadas asociaciones, desarrollar inesperados inventos, y descubrir nuevos significados y funciones.

Jugar así implica, por ejemplo, salir a dar un paseo y moverte diferente. Cambiar algún ingrediente al elaborar tu preferido pastel. Poner más atención al tono de la voz en vez de al contenido de una conversación. Sorprenderte haciendo algo al revés o saboreando el vacio que aparece al no hacer algo que estés habituado a hacer. Por un día, imaginar que acabas de nacer. Experimentar con alguna nueva afición. Ponerte en contacto con quien jamás hubieras pensado conversar. Atreverte a darte eso que nunca te das. Calzar tu ánimo en otra mentalidad e investigar cómo se siente la vida en ese caminar. Probar a expresarte con los gestos y sin hablar. Hablar de tu experiencia imaginando que eres únicamente el dedo gordo de tu pie. Cantar cuando toca comer y retozar cuando esperabas descansar. Cambiar el paso a la rutina y, por el simple deseo de jugar, probar nuevas experiencias más allá de lo habitual.

Para seguir promoviendo el juego en sintonía con Emma y las Maribrujillas, te sugiero trazar un círculo, símbolo de tu laguna interior; y, enraizado en su orilla, dibujar el árbol que hay en ti. Hazlo en una enorme hoja de papel sobre la que puedas colocarte después. En otras cartulinas, recorta formas o figuras geométricas que representen tus sueños, tus intereses, tus actividades, tus relaciones y todo aquello a lo que estás prestando atención porque has comprendido que quiere jugar a ser. Antes de hacerlo, contempla una vez más el collage que elaboraste y repasa tu plan de acción.

A continuación, dentro de esas siluetas, escribe la meta, el sueño por alcanzar en cada una de ellas y, además, mientras recitas la canción de la caracola marina, ponles color. Después coloca estás imágenes sobre la cartulina en la que has dibujado tu paisaje interior, buscando una composición que refleje el actual estado de la situación.

Luego, observa ese mapa, tu mandala existencial, desde distintas perspectivas. Incluye colocarte descalzo sobre cada figura, sentir su energía y, en recogida quietud, pregúntarte: ¿Quiere esta área hacerse mayor, más pequeña o colocarse dentro del dibujo general en una distinta dirección o una nueva posición? ¿Está ocupando, este aspecto de mi paisaje vital, su sitio y su función? ¿Está considerado su valor? ¿Se me ocurre otra opción que favorezca más el despliegue de su potencial en relación con todo lo demás?

Haz los cambios necesarios hasta encontrar una disposición que te parezca lograr un mejor equilibrio, belleza y armonización. Una vez lo hayas conseguido, descubre qué modificaciones necesitarás hacer en tu plan de acción para que esa representación pueda llevarse a cabo facilitando la fluidez de nuevas formas de ser y alternativos cauces de manifestación.

Como final de esta experiencia te propongo una meditación: Colócate de pie, con las piernas ligeramente separadas, y cierra los ojos. Toma conciencia del ritmo de tu respiración e imagínate siendo tu árbol interior.

Con cada inspiración recoges una espiral multicolor de energía que, viniendo desde el corazón del sol que te ilumina y entrando por tu cabeza, llega hasta tu corazón. Con cada expiración, esa energía va descendiendo y sale por tus pies hasta alcanzar el corazón de la tierra en la que te apoyas. Imagina además que esa energía inunda tu ser y despierta todo tu potencial de sabiduría y poder creador.

Después de un rato haciéndolo así, imagina que con cada inspiración recoges una espiral multicolor de energía que, viniendo desde el corazón de la tierra que te sustenta y entrando por tus pies, llega hasta tu corazón. Con cada expiración, esa energía va ascendiendo, despertando en tu árbol interior toda la fortaleza y vitalidad que te permite expandirte y fructificar.

Luego deja de poner atención a tu respiración y, mientras imaginas que esa espiral de energía fluye libre dentro y fuera de ti, recita, con convicción y determinación, la siguiente afirmación: Todo tipo de recursos fluyen a mi vida con facilidad y abundancia, y me siento feliz compartiendo este caudal de prosperidad. Hazlo de esta manera hasta que te sientas lleno de confianza, vitalidad y deseoso de colaborar en la expansión de la vida en su totalidad.

Puedes jugar a realizar estas actividades acompañándote de sonidos de cuencos, cantos de mantras, aromas u otros elementos rituales; según tu afición, tu sensibilidad, experiencia e información. Lo importante es que te mantengas en tu intención de sintonizar con el espíritu de la vida danzando en tu interior.

Amor, poder creador y sabiduría dan como consecuencia la habilidad para crear y disfrutar un mundo de belleza, equilibrio y armonía. En ese proceso estás, realización creativa de tu destino personal. Ahora, dentro de este cuento de encuentro, hemos llegado al momento en que driada Emma quería poder abrigar a su roble, hacerle un traje adecuado que diera calor a su tronco, a sus ramas, a sus raíces, y también arropara su alma y resguardara todos sus sueños.

Y tú, en tu personal travesía, ¿con qué traje de luz vas a vestir al árbol que hay en ti? Es hora de llamar a la artista de la modistería, capaz de tejer, con hilos de luminosa vida, atuendos acordes con tu propósito vital y adecuados para lucir en tu misión de servir, dentro de la totalidad, en el feliz sueño del despertar.

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