El miedo que le empapaba por dentro se fue evaporando con la calidez de las historias que escuchaba; historias todas en las que sus personajes, si se habían perdido, finalmente encontraban el rumbo; si se habían caído, tarde o temprano volvían a levantarse; si desconocían su don, se encontraban con alguien que les ayudaba a descubrirlo; si se sentían sin afecto, de una u otra manera lograban darlo y recibirlo; y si se habían equivocado, encontraban a través de los errores nuevos aprendizajes.
Así fue como Serafín percibió que era un ser alado y recordó cómo era aquello de volar, pues casi sin esfuerzo sus alas se desplegaron y empezó a planear alrededor de Teo. También fue en ese momento cuando Teo comprendió cuál era su don, el cual sin darse cuenta había estado compartiendo con Serafín. Él era un estupendo contador de historias y un duende alentador, pues sus palabras de aliento ayudaban a elevar el ánimo de los demás.
Digamos que Teo entendió, tras socorrer al ángel Serafín, que con su don podía ayudar a las personas que se encontrasen “hundidas”. Seres con capacidad de volar muy alto en sus vidas, pero que se hubieran caído en el mar de las penas, y se les hubieran quedado las alas de sus anhelos tan mojadas y arrugaditas que no sabían cómo remontar el vuelo.
Todos quisieron ponerse manos a la obra cuanto antes, y dado el color de esta etapa del plan, puedo decirte que aquello se puso pronto al rojo vivo, pues rojos fueron los hilos de estabilidad, valor y vitalidad con los que Estrella empezó a tejer sus diseños. Y rojo fue el mechón del cabello que Emma dejó sin trenzar y que, en sus bailes, volaba al viento, soltando pensamientos de escasez, carencia y descontento.
Rojas de coraje y pasión le salieron a Teo las palabras al recordar al roble que en la tierra en la que reposaban sus raíces se encontraban todos los recursos necesarios para seguir creciendo con fundamento. Y rojas fueron la vitalidad, la paciencia y la confianza con las que el ángel Serafín comenzó su vuelo rasante.
La frase, que amablemente esas extrañas criaturas le repetían, decía así: Que en mi sueño feliz, tu sueño feliz se alcance. Y cuando ya todos se tranquilizaron, le explicaron que era su saludo preferido y, como viajeros en camino, con un sueño feliz cantando en su corazón, era lo que a todos con los que se cruzaban deseaban, pues no concebían que feliz fuera su sueño a no ser que quienes en él estaban su sueño feliz también realizaran.
Y todos sintieron esa noche, cuando se acostaron al raso, que al igual que la estrellas forman constelaciones, ellos también estaban siendo unidos por sincronicidades, como si se tratase de la reunión de un clan, hubiera un mapa que representase los caminos de sus sueños, y esos caminos confluyesen en un mismo lugar.
Y soñaron, ahora con los ojos cerrados y algún ronquido, que igual que el firmamento abarcaba a todas las estrellas y éstas, expandiendo su luz, iluminaban la bóveda celeste, también a todas las criaturas, en una red de luz, un principio de amor sustentaba hasta que ellas mismas se transformaban en manantial de amor y más red de luminosa vida creaban.
Aprender a vibrar con el ángel y el duende de nuestro clan te puede sentar fenomenal si tienes propensión a estar en las nubes, a la vez que sientes una gran atracción por todo lo terrenal, teniendo aún alguna dificultad para mantenerte a flote en lo más emocional.
Igualmente te será muy útil su compañía si no sabes qué aportas a los demás, si no terminas de encontrar tu sitio y tu función, y si empiezas a dudar de que tu vida, a la vida toda, le esté siendo de alguna utilidad.

¿Te resulta difícil encontrar coherencia entre tus valores y tu forma de actuar?
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¿Te asustan algunas circunstancias que tienes que afrontar?
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¿En qué áreas de tu vida te sientes desalentado o confundido?
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¿Para qué haces lo que haces?
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¿Disfrutas mientras lo haces?
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¿Qué es lo que promueve que algo, para ti, tenga sentido?
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¿Con qué estás realmente comprometido?
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¿De qué te sientes orgulloso?
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¿A qué estás agradecido?
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¿Con qué sientes entusiasmo?
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¿Qué te asombra y te maravilla?
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¿Qué te apasiona?
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¿Qué sabes de tus dones?
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¿Qué estás compartiendo con los que contigo van?
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¿En qué aspectos logras sentirte de utilidad?
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¿Por qué quieres que te recuerden los demás?

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Teo solo tiene memoria para historias que alientan y reconfortan. Es cierto que acepta considerar hundimientos, estancamientos, confusiones, sombras, vacíos y desorientaciones, pues ahí es donde más sentido adquiere su don, pero sólo como el paso necesario para construir algo mejor. Una vez tenida en cuenta la insatisfacción, se concentra en lo que puede ser la solución, el aprendizaje y la superación.
Mantenerte en la onda de tu duende alentador también significa confiar en que todo tiene vocación de contribuir y que en ese servicio encuentra forma de brillar, evolucionar y sonreír.
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¿Qué aspecto de tu ser necesita aliento y orientación?
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¿Cómo es ese aspecto de ti?
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¿A qué área de tu vida está asociada esta energía?
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¿Con qué anhelo soñado está relacionado?
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¿Qué quiere?
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¿Con qué apoyos cuenta y qué recursos tiene para lograr lo que quiere?
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¿Qué tipo de obstáculos está viendo en su camino?
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¿Si los vence, que aprendizaje obtendrá y en qué forma crecerá?
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¿Cómo puede transformarse ese impedimento en la posibilidad de expansión de su potencial?
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¿Qué visión feliz es posible tras la superación de esa dificultad?
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¿Qué sentimientos están asociados a esa visión?

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Ayúdale a imaginar la trayectoria de esa transformación, tratándole con la consideración de lo que es único, original y siempre digno de amor, hasta que pueda verse siendo protagonista de ese sueño en su más plena realización. Hazlo salpicando de esperanza vuestra conversación. Recordándole que es posible percibir un obstáculo como una posibilidad de superación personal. Aportándole ejemplos de vuestra vida o de las vidas de otros en las que, en medio de la más espesa confusión, se ha terminado viendo clara la posibilidad de solución.
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Ese don suele ser una forma de amor, y puedes descubrirlo si te colocas en disposición de ser útil a la vida y a quien contigo va. Solo se trata de dar aquello que hay en ti y que tanta satisfacción te produce compartir.

Además...

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Igualmente, si cual ángel Serafín te sientes cansado de afrontar obstáculos o te parece que se te están acabando las ideas, sigue manteniendo tus visiones y confía.
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Si me pierdo, recordaré que mi rumbo está escrito en mi corazón. Y que aún en el sueño del olvido, todo a coro cantará a mi oído la canción de mi alma, la que aprendí de niño, la que canta el sueño que aún no se ha cumplido. Y cantarán así, hasta cantar conmigo en un común despertar agradecido.
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"Lo que el corazón quiere contemplar"

Capítulo 12: Serafín y Teo, ángel y duende en colaboración
Conocer nuestra misión personal aumenta aún más el flujo de coincidencias misteriosas al tiempo que somos guiados hacia nuestros destinos. Primero tenemos una pregunta, y luego los sueños, los ensueños y las intuiciones nos conducen hacia las respuestas, que en general nos son dadas en forma sincrónica por la sabiduría de otro ser humano.
James Redfield y Carol Adrienne

¿Quiénes eran ese ángel y ese duende que llegaron acompañando al ogro y la sirena? Ni Emma ni las Maribrujillas les esperaban, pero en cuanto supieron su historia, se pusieron contentas, dándose cuenta que poco a poco todo iba volviendo a entrar en Sintonía. Fue como si de pronto tuvieran un recuerdo vago de una dulce canción olvidada que sonaba a reencuentro y armonía.

Había sucedido que en el trayecto hasta Sintonía, Sirena Serena y Ogro Logro iban parándose a descansar en ríos, lagos y marismas, y para agradecer el buen recibimiento que esos lugares les ofrecían, dejaban en sus orillas algunas de sus relajantes caracolas cantantes.

Al mismo tiempo, a uno de esos parajes llegó de una forma un tanto singular un ser llamado Serafín, que por su condición y actividad vivía en las nubes, pero a la vez sentía una irresistible curiosidad por observar lo que estaba sucediendo por debajo de ellas. Esta criatura, algo miope y torpe de oído, gustaba de contemplarlo todo muy de cerca para no perderse detalle. Como consecuencia, un día, de tanto querer acercarse a lo que atraía su mirada en tierra, perdió el equilibrio y se cayó en las aguas de un estanque. Semejante hecho no hubiera tenido mayor trascendencia de no haber sido porque tal criatura había aprendido muy bien a volar pero nunca le habían enseñado a nadar, algo habitual, por otra parte, en el sistema educativo de los ángeles, especie a la que pertenecía.

En el momento de la caída del ángel Serafín, el otro protagonista de estos sucesos se encontraba en el borde de esa alberca escuchando el sonido de unas caracolas cantantes. Se trataba de un duende llamado Teo, perteneciente a una curiosa tribu cuyos miembros sólo lograban identificarse (es decir, saber quién era cada cual), no por su nombre y apellidos, ni por su lugar de nacimiento, ni por su porte o sus costumbres, ni por ser hincha de un determinado equipo deportivo, ni por hablar un idioma concreto, o tener cierto ascendente astrológico o linaje aristocrático, sino porque cada uno tenía un don, que únicamente podía descubrir al compartirlo. Teo aún no había hecho ese descubrimiento y, por tal motivo, ese día se encontraba en la orilla del estanque, bastante pensativo.

Los duendes de su etnia, cuando lograban reconocerse compartiendo su don, sentían como si hubieran encontrado su sitio en la comunidad. Y a la persona que les había inspirado para manifestarlo, se le consideraba de forma especial, guardándole un infinito agradecimiento que expresaban con atenciones, regalos y todo tipo de honores.

Ese asunto era lo que había llevado a Teo hasta esas orillas, en donde viendo su impaciente desánimo, la Sirena Serena le había regalado para calmarse una colección de caracolas, no fuera que se dejase llevar por la tristeza y sus lágrimas produjeran un desbordamiento del estanque. Y no pienses que Sirena Serena estaba exagerando al pensar así, sino que la apariencia de Teo era bastante descomunal y resultaba razonable pensar que, si todo en él era de la misma medida, sus lloreras podían ser torrenciales.

Teo era un duende que siempre había querido volar, pero al no tener alas, volaba y volaba y volaba aún más con su imaginación. Este tipo de vuelo lo lograba escuchando cuentos que relataban otras personas, viendo películas, leyendo libros, e interesándose por todo tipo de anécdotas y sucesos. Todos sabían su gusto por escuchar y siempre acudían a él con chismes, de manera que Teo se “hinchaba” de oír narraciones, noticias, dimes y diretes.

Pero la pasión de Teo no era sólo escuchar, sino también, y sobre todo, inventar finales felices para las historias que acababan mal, haciendo que los personajes secundarios brillaran como protagonistas, los que habían perdido se convirtieran en ganadores, y los que no habían podido alcanzar sus sueños lograsen realizarlos. Todo esto le gustaba mucho a Teo y había ido creciendo en tamaño de forma paralela a cómo se llenaba su memoria de datos. Sin embargo, a Teo se le veía triste porque no lograba encontrarse en su don.

En este punto estaban las vidas de Serafín y Teo cuando se encontraron. El ángel hundiéndose en el estanque y el duende observando pensativo su reflejo en las aguas mientras escuchaba la música de las caracolas cantantes. Y fue precisamente Sirena Serena quien facilitó su encuentro, pues viendo los apuros de Serafín para mantenerse a flote, le impulsó con su cola hacia la parte de la orilla dónde se encontraba el duende. Imaginaros la sorpresa de Teo cuando, en vez de su propio reflejo en la superficie del embalse, apareció el ángel. No obstante, a pesar del susto, logró sacarle del agua y a partir de ese momento es cuando empezó a ocurrir lo más emocionante de este evento.

Sucedió que Serafín, tras la caída, no lograba recordar nada, ni siquiera que era un ángel y que podía volar. Además, sus alas, totalmente inundadas, le pesaban tanto que en vez de deseos de elevarse sentía una gran necesidad de tumbarse a descansar. Por otra parte, Serafín se encontraba muy inquieto porque sabía muy poco del mundo en el que había caído ya que, aunque hubiese logrado recordar, desde las alturas en las que él lo solía contemplar, no lograba enterarse ni comprender bien los sucesos que ocurrían más abajo de sus nubes.

De manera que la primera tarea que tuvo que realizar Teo fue tranquilizarle explicándole todo lo maravilloso que se le ocurría sobre el lugar en el que se encontraban y relatarle todas las historias y sucesos de seres alados que recordaba. Llevado por el deseo de ser útil, Teo comenzó a contar historia tras historia, y luego relatos y poemas, anécdotas y chismes, crónicas y sucesos, argumentos de películas y hasta letras de canciones que pudieran ayudar a Serafín a tener confianza en el mundo en el que había caído y a recordar su angélica identidad.

Y mientras eso hacía, ocurrió algo más, pues el aliento de Teo al hablar fue secando, cual suave brisa, las alas de Serafín. El miedo que le empapaba por dentro se fue evaporando con la calidez de las historias que escuchaba; historias todas en las que sus personajes, si se habían perdido, finalmente encontraban el rumbo; si se habían caído, tarde o temprano volvían a levantarse; si desconocían su don, se encontraban con alguien que les ayudaba a descubrirlo; si se sentían sin afecto, de una u otra manera lograban darlo y recibirlo; y si se habían equivocado, encontraban a través de los errores nuevos aprendizajes.

Siempre eran historias felices porque Teo era experto en encontrar soluciones, avistar nuevas alternativas y descubrir finales en los que, más allá de las aparentes perdidas, tropiezos y dificultades, todos salían ganando. Y eran tantas las historias que guardaba Teo en su interior, que no paró de hablar y hablar hasta que su aliento evaporó toda el agua acumulada en las alas del ángel y su ánimo quedó reconfortado con tantos relatos alentadores.

Así fue como Serafín percibió que era un ser alado y recordó cómo era aquello de volar, pues casi sin esfuerzo sus alas se desplegaron y empezó a planear alrededor de Teo. También fue en ese momento cuando Teo comprendió cuál era su don, el cual sin darse cuenta había estado compartiendo con Serafín. Él era un estupendo contador de historias y un duende alentador, pues sus palabras de aliento ayudaban a elevar el ánimo de los demás.

Digamos que Teo entendió, tras socorrer al ángel Serafín, que con su don podía ayudar a las personas que se encontrasen “hundidas”. Seres con capacidad de volar muy alto en sus vidas, pero que se hubieran caído en el mar de las penas, y se les hubieran quedado las alas de sus anhelos tan mojadas y arrugaditas que no sabían cómo remontar el vuelo.

De esta manera, el ángel Serafín se convirtió en el padrino de Teo, pues fue quien le ayudó a descubrir su don. Y además de su padrino, fue su socio, ya que aprendió a realizar excelentes vuelos rasantes para enterarse bien de todo lo que sucedía, e informar a Teo de nuevas historias o de quienes pudieran estar necesitando sus palabras de aliento.

Pero además quiero contarte que Teo y Serafín forman parte de nuestro clan, habiendo descendido por el color azul turquesa del arco iris; aunque también hay que añadir que el ángel recogió en sus alas algunas pizcas de luz añil y varios haces del tono violeta.

En esos días del chapuzón de Serafín y las historias alentadoras de Teo, Sirena Serena y Ogro Logro, que habían sido testigos de tan beneficioso encuentro, compartieron la historia del lago y el árbol roble; y, como era de esperar, a Teo le interesaron mucho esas crónicas. Quiso saber más detalles de tales circunstancias, dándose cuenta que los implicados en esos acontecimientos podía decirse que estaban desalentados y quizás pudiera ofrecerles su don, ahora que lo tenía recién descubierto y estrenado.

Por eso fue que todos juntos llegaron a Sintonía y allí pronto congeniaron con Estrella, Emma y las Maribrujillas, quienes se sintieron felices al ver que su llamada empezaba a ser respondida. Y aún más felices estuvieron cuando supieron de los dones y los talentos que los recién llegados habían desarrollado, pues podrían ser de gran ayuda.

Para ponerse todos de acuerdo y aunar esfuerzos, convocaron una asamblea en la que Dríada Emma expuso el plan que había elaborado, y a Serafín se le encomendó salir cuanto antes en vuelo rasante a buscar más ayudas expertas para todas las tareas que, aun haciendo bien su labor todos los presentes, quedarían pendientes.

Mientras esos apoyos llegaban, Emma propuso además comenzar labores de auxilio y asistencia por las raíces, por lo que está más al fondo y por el suelo que se pisa. Para ello, les explicó, había elaborado el programa rojo con el que tratarían de armonizarse con la fuerza de la vida que se ancla en la tierra, con su barro y con su arcilla, base necesaria para cualquier roble estrellado que quiera crecer muy alto y, haciendo honor a su nombre, llegar hasta alguna estrella.

Todos quisieron ponerse manos a la obra cuanto antes, y dado el color de esta etapa del plan, puedo decirte que aquello se puso pronto al rojo vivo, pues rojos fueron los hilos de estabilidad, valor y vitalidad con los que Estrella empezó a tejer sus diseños. Y rojo fue el mechón del cabello que Emma dejó sin trenzar y que, en sus bailes, volaba al viento, soltando pensamientos de escasez, carencia y descontento. Rojas de coraje y pasión le salieron a Teo las palabras al recordar al roble que en la tierra en la que reposaban sus raíces se encontraban todos los recursos necesarios para seguir creciendo con fundamento. Y rojas fueron la vitalidad, la paciencia y la confianza con las que el ángel Serafín comenzó su vuelo rasante.

Y como no es de extrañar, rojo fue también el chichón que salió en su frente cuando chocó con una extraña columna situada entre las nubes, cosa que nunca había visto y tampoco nunca habría adivinado, ya que, cuando estás en esas alturas, generalmente todo lo que se espera encontrar suele ser vaporos y poco consistente.

Pero aunque el ángel Serafín aún no lo sabía, el cogote de Perico Periscopio es firme y resistente; así que la colisión, para su sorpresa, fue bastante contundente. Más todavía cuando al caer vio que descendía a un pantano no envuelto en nieblas como suele ser lo habitual en ese tipo de hondonadas, sino envuelto en llamas, cosa bastante preocupante. No obstante, al momento en que se iba a producir el amerizaje, a punto ya de chamuscarse, fue elevado otra vez hacia el cielo y, como si en vez de un ángel se tratara de un cordero, fue posado con cautela en un prado, al lado mismo del pantano y justo en frente de una enana criatura y de un niño… sin cabeza.

Y como ya te puedes imaginar, no quedó ahí la sorpresa, pues en seguida vio venir desde la orilla del embalse a una dragonacalzando unas enormes botas y, cuando quiso preguntar por la cabeza del niño, vio descender su cuello como un periscopio hasta quedar sus ojos al nivel de los suyos, que a esas alturas no sabían si estaban dormidos o despiertos.

Por los antecedentes que ya conoces, lo primero que pensó Serafín es que otra vez había perdido la conciencia y estaba en un mundo que desconocía. Pero muy pronto quienes le rodeaban empezaron a darle explicaciones, a pedirle disculpas, y una vez se dieron cuenta de su estado de confusión, comenzaron a repetir una frase que al ángel le supo a gloria y le invocó a Sintonía, cosa que le ayudó a recordar su misión y a darse cuenta que estaba en buena compañía.

La frase, que amablemente esas extrañas criaturas le repetían, decía así: Que en mi sueño feliz, tu sueño feliz se alcance. Y cuando ya todos se tranquilizaron, le explicaron que era su saludo preferido y, como viajeros en camino, con un sueño feliz cantando en su corazón, era lo que a todos con los que se cruzaban deseaban, pues no concebían que feliz fuera su sueño a no ser que quienes en él estaban su sueño feliz también realizaran. Y uniendo una explicación con otra, ligando preguntas y respuestas e hilvanando confidencias, comenzaron a darse cuenta que sus caminos estaban unidos, no sólo porque confluían en un mismo territorio, sino porque hermanados estaban sus anhelos.

Así que decidieron reunirse cuanto antes con el grupo que ya estaba en el lago para colaborar con sus especiales habilidades en el plan de ayuda que allí se estaba organizando. Y todos sintieron esa noche, cuando se acostaron al raso, que al igual que la estrellas forman constelaciones, ellos también estaban siendo unidos por sincronicidades, como si se tratase de la reunión de un clan, hubiera un mapa que representase los caminos de sus sueños, y esos caminos confluyesen en un mismo lugar.

Y soñaron, ahora con los ojos cerrados y algún ronquido, que igual que el firmamento abarcaba a todas las estrellas y éstas, expandiendo su luz, iluminaban la bóveda celeste, también a todas las criaturas, en una red de luz, un principio de amor sustentaba hasta que ellas mismas se transformaban en manantial de amor y más red de luminosa vida creaban.

Eso fue lo que soñaron todos y, aunque cada uno recordó el sueño a su manera, despertaron contentos, sintiéndose viajeros y compañeros a punto de llegar al lugar que quizás también fuera su hogar, donde en hermandad y poniéndose al servicio de los demás, cada cual pudiera hacer su propio sueño realidad.

InspirAcción
Las alas y los alientos
Si ayudo a una sola persona a tener esperanza, no habré vivido en vano.
Martin Luther King

Aprender a vibrar con el ángel y el duende de nuestro clan te puede sentar fenomenal si tienes propensión a estar en las nubes, a la vez que sientes una gran atracción por todo lo terrenal, teniendo aún alguna dificultad para mantenerte a flote en lo más emocional.

Es decir, si te resulta complicado encontrar coherencia entre tus ideales y tu forma de vivir, y en ese desequilibrio te hundes, a veces, en el desánimo, que no es otra cuestión que perder de vista el alma en alguna situación.

Igualmente te será muy útil su compañía si no sabes qué aportas a los demás, si no terminas de encontrar tu sitio y tu función, y si empiezas a dudar de que tu vida, a la vida toda, le esté siendo de alguna utilidad.

Para ir entrando más en su frecuencia de vibración, te propongo empezar jugando a registrar, en tu cuaderno de apuntes, las respuestas que se presenten al formular las siguientes preguntas: ¿Te resulta difícil encontrar coherencia entre tus valores y tu forma de actuar? ¿Te asustan algunas circunstancias que tienes que afrontar? ¿En qué áreas de tu vida te sientes desalentado o confundido? ¿Para qué haces lo que haces? ¿Disfrutas mientras lo haces? ¿Qué es lo que promueve que algo, para ti, tenga sentido? ¿Con qué estás realmente comprometido? ¿De qué te sientes orgulloso? ¿A qué estás agradecido? ¿Con qué sientes entusiasmo? ¿Qué te asombra y te maravilla? ¿Qué te apasiona? ¿Qué sabes de tus dones? ¿Qué estás compartiendo con los que contigo van? ¿En qué aspectos logras sentirte de utilidad? ¿Por qué quieres que te recuerden los demás?

Para Teo y Serafín, encontrarse, aunque sucedió en un momento con apariencia de desastre, resultó cuestión muy importante, y también a ti te puede sentar fenomenal activar su presencia cuando más alicaído o desalentado estás.

Para ello te sugiero empezar por cuestionarte todo lo que te cuentas en tu diálogo interior, pues Teo solo tiene memoria para historias que alientan y reconfortan. Es cierto que acepta considerar hundimientos, estancamientos, confusiones, sombras, vacíos y desorientaciones, pues ahí es donde más sentido adquiere su don, pero sólo como el paso necesario para construir algo mejor. Una vez tenida en cuenta la insatisfacción, se concentra en lo que puede ser la solución, el aprendizaje y la superación.

Además, mantenerte en la onda de tu duende alentador también significa confiar en que todo tiene vocación de contribuir y que en ese servicio encuentra forma de brillar, evolucionar y sonreír.

Desde estas perspectivas y para empezar a vibrar así, te propongo una meditación: Busca un lugar tranquilo, siéntate con la espalda recta, los ojos cerrados y las manos apoyadas en tu regazo, y toma conciencia de tu respiración. Imagina que estás sentado a la orilla de tu laguna interior y que, con cada inspiración y expiración, aumenta la quietud, el silencio y la calma dentro de ti y a tu alrededor. Deja que pensamientos, emociones y sensaciones vayan apareciendo y desapareciendo sin juzgarlos ni dejar que focalicen tu atención. Si te distraes, vuelve una y otra vez a tomar conciencia del ritmo de tu respiración, y afírmate en tu actitud de escucha y observación.

Después de un rato meditando así, pregúntate: ¿Qué aspecto de mi ser necesita aliento y orientación? Repite varias veces esta pregunta y luego, para favorecer que esa energía se haga presente, repite de corazón: “Que en mi sueño feliz, tu sueño feliz alcance culminación” .

Cuando te hagas consciente de una respuesta, abre los ojos, toma tu cuaderno de apuntes y, sintiéndote duende alentador, ayuda a esta energía a contemplar su situación y a verla como una oportunidad para crecer y evolucionar.

A tal fin, invítale a ser protagonista de una historia con final feliz que tú mismo le ayudarás a imaginar y en la que se podrá manifestar tal cómo está queriendo ser. El cuestionario que viene a continuación te será muy útil en esta situación:

¿Cómo es ese aspecto de ti? ¿A qué área de tu vida está asociada esta energía? ¿Con qué anhelo soñado está relacionado? ¿Qué quiere? ¿Con qué apoyos cuenta y qué recursos tiene para lograr lo que quiere? ¿Qué tipo de obstáculos está viendo en su camino? ¿Si los vence, que aprendizaje obtendrá y en qué forma crecerá? ¿Cómo puede transformarse ese impedimento en la posibilidad de expansión de su potencial? ¿Qué visión feliz es posible tras la superación de esa dificultad? ¿Qué sentimientos están asociados a esa visión?

Ayúdale a imaginar la trayectoria de esa transformación, tratándole con la consideración de lo que es único, original y siempre digno de amor, hasta que pueda verse siendo protagonista de ese sueño en su más plena realización. Hazlo salpicando de esperanza vuestra conversación. Recordándole que es posible percibir un obstáculo como una posibilidad de superación personal. Aportándole ejemplos de vuestra vida o de las vidas de otros en las que, en medio de la más espesa confusión, se ha terminado viendo clara la posibilidad de solución.

Acompáñale en la tarea de transformar cada enfoque negativo en un pensamiento constructivo, que reconozca y valore algún aspecto presente con el que pueda contar para progresar en sus objetivos. Graba esos pensamientos para, cuales caracolas cantantes, escucharlos con frecuencia y así vibrar más en sintonía con la frecuencia de su sentir al visualizar su deseo realizado.

Y anímale también a compartir lo que ya es, más allá de la forma en la que quiera evolucionar, como una forma de salir del estancamiento, entrar en acción y así tener la oportunidad de reconocer el valor de su aportación.

Además, puedes jugar a ser duende alentador con todo lo que, a tu alrededor, parezca desmoralizado y te pida colaboración. Puede que ellos sean tu ángel Serafín dándote la oportunidad de descubrir tu don particular.

¿Qué es aquello que de ti puedes dar que a otros puede ayudar, y que además, al darlo tú, descubres que sigues teniendo más y que parece infinito ese potencial? Juega ahora a buscar la respuesta a esta cuestión y juega también, en esa dirección, a pasar a la acción haciendo las modificaciones necesarias en tu agenda.

Ese don suele ser una forma de amor, y puedes descubrirlo si te colocas en disposición de ser útil a la vida y a quien contigo va. Solo se trata de dar aquello que hay en ti y que tanta satisfacción te produce compartir. Eso ya es vocación, es decir, profunda inspiración que te invita a desplegar tu potencial y a compartir ese caudal para facilitar la evolución de todo lo demás.

Teo te enseña que encontrar sentido a tu caminar tiene que ver con dar y con estar agradecido a la vida por esa posibilidad. En toda ocasión puedes elegir jugar a ver tu vida como una oportunidad para compartir los dones que, de forma única, tú puedes aportar.

Dejar que Teo y Serafín tomen vida en tu vida te puede ayudar también a mantener una elevada percepción de tu experiencia. Teo, contando sus positivas historias, le recuerda a Serafín, cuando más hundido está, lo más espiritual de su esencial identidad. Y elevándose a esa perspectiva, Serafín puede tomar conciencia de nuevos cauces de acción coherentes con su más alto propósito vital. Mirada que facilita y acelera el encuentro en sintonía de todo aquello que es necesario integrar porque forma parte de una misma misión y comparte una común visión.

Para vibrar así puedes empezar, de cualquier día, al amanecer. Y si puede ser, desde tu ubicación, comenzar por contemplar con tranquilidad cómo despunta el alba, cómo va surgiendo la luz dejando atrás la oscuridad.

Tras esa observación, juega a imaginar la vida desde ópticas espirituales. A continuación te sugiero unas cuantas visiones con las que puedes experimentar. Lee la primera y cierra los ojos dejando que aparezcan imágenes, pensamientos, sensaciones y emociones que tengan alguna relación con tu forma de entender ese panorama. Después haz lo mismo con las demás sugerencias jugando a sembrar nuevos puntos de vista en el territorio de tu percepción personal:

Imagina que todos somos extensiones de un infinito campo de inteligente, amorosa y creativa energía. Hebras de vida conectadas con todo lo demás y con la fuente de tal flujo vital.

Imagina que eres una pieza del puzle de la vida y has encontrado tu sitio, comprobando con satisfacción que con tu singular aportación colaboras a la creación del puzle total y colaboras también a que los demás puedan encontrar su propio lugar.

Imagina que todos somos distintos puntos de vista de una misma consciencia cósmica y por ello, al contemplar la vida, estamos contemplando infinitas formas de nuestra esencial identidad.

E imagina también, como vienes haciendo con frecuencia en este cuento de encuentro, que eres Totalidad jugando en su recreo. Y que juegas tranquila, sabiendo que tarde o temprano todos los elementos de tu Onda Encantada de la Vida van a ayudarse a descubrir lo que son, y vibrando en esa sintonía, despertarán en el enigmático reino de Todo lo que Es, sabiéndose Totalidad, jugando a descubrirse, reconocerse y considerarse con estima.

Después, a lo largo del día, juega a ubicarte en alguna de estas perspectivas al ocuparte de tus asuntos y elegir respuestas a tus circunstancias.

Igualmente, si cual ángel Serafín te sientes cansado de afrontar obstáculos o te parece que se te están acabando las ideas, sigue manteniendo tus visiones y confía. Da un salto de fe y confía aún más. Es el mejor momento para recordar una frase que Diminuta Máxima leyó en la primera carta que recibió. Un estribillo para repetirlo cuando el camino presente giros arriesgados, confusas bifurcaciones, abismos o pendientes: Si me pierdo, recordaré que mi rumbo está escrito en mi corazón. Y que aún en el sueño del olvido, todo a coro cantará a mi oído la canción de mi alma, la que aprendí de niño, la que canta el sueño que aún no se ha cumplido. Y cantarán así, hasta cantar conmigo en un común despertar agradecido. Recita este párrafo en voz alta, confía y mantente a la escucha.

Además, para continuar activando la perspectiva de tu ángel interior, al terminar tu jornada, párate a repasar todo lo que has vivido en ese día, desde la confianza en que los acontecimientos empiezan a responder a tu disposición de apoyar tu expansión y colaborar así en la evolución de la vida en su más plena manifestación.

Mira el collage que representa lo que tu corazón quiere contemplar y piensa en la intrincada danza de coincidencias tejiendo la trama de tu soñada realidad. Juega a descubrir encuentros fortuitos, giros del destino y tramos del camino que, de forma imprevista, han tomado una nueva dirección y están apoyándote en tus objetivos. Percibe la colaboración en la que toda la vida está inmersa incluyendo también tu aportación. Procúrate un rato de tranquilidad para anotar tus descubrimientos de sincronicidad.

Juegas dentro de este cuento asumiendo la condición del reino de Todo lo que Es, por la que todo es posible, permitiendo y cola borando a que todo lo demás también lo sea.

Juegas dejando que tu alma niña sea la protagonista, y ella, inocente, soñadora y creativa, confía.

Juegas en su frecuencia, sin prejuicios, como si aún nadie te hubiera dicho como debe manifestarse tu mundo y, por lo tanto, permitiéndote imaginar la más feliz realidad.

Como ella, no sabes cómo pero sabes que así quieres que sea.

Juegas con confianza, pasión y libertad.

Y ahora que has dado vida en tu vida a todos los miembros del clan, es momento de reunión en sintonía

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