En su infancia, antes de la devastadora crecida que marcó un brusco cambio en su vida, el lago era laguna; es decir, depósito natural de agua más pequeño que un lago. En esa época era también lugar de continuados encuentros, celebraciones y fiestas. Y con frecuencia, coros de niños y aladas criaturas, rodeando el círculo que formaban sus orillas, cantaban todos a una, invitando a quienes allí concurrían a vibrar en sintonía. Cosa que conseguían, y por eso a esta laguna por ese nombre se le conocía, dado que todo su paisaje emitía una frecuencia tan bienaventurada que hasta las sombras gloriosas se sentían, recordándose testigos de la luz del día.
Llegó unido a la laguna, apoyado en sus orillas y con algunas de sus raíces hundidas en su fondo, de tal forma que nunca se ha sabido quien abrazaba a quien, aunque estaba claro que se querían. La laguna disfrutaba viendo crecer al árbol mientras mantenía la humedad en sus contornos, y el árbol se iba elevando fuerte y entusiasmado sabiéndose bien cuidado. A su vez, el roble merced a sus largas y profundas raíces, favorecía el drenaje hacia el subsuelo y el campo entero se lo agradecía. Hacían un buen equipo.
El lago sigue manteniendo vivo su deseo de transformarse en laguna y que a su alrededor todos canten a una para contribuir a que el roble siga creciendo, vuelva a ser venerado e irradie su luminosa energía. El roble no sabe cómo explicarlo, pero también intuye que no ha crecido para estar solo y entumecido, sino para ser, como en otros tiempos, roble que crece mirando al cielo; y por serlo, ayudar a otros a elevarse hasta alcanzar la gloria, ese círculo irisado que se vislumbra cuando, estando en lo más alto y rodeado de luz, te atreves también a contemplar tu sombra con la misma ternura que el halo que te alumbra.
Seguimos jugando a ser. Favoreciendo el gozoso movimiento vital que vibra con inocencia y en libertad, con la única intención de ser y siendo, permitir y colaborar a que todo lo demás también lo sea. Esa es la entonación con la que canta tu corazón convocando a armónica reunión.
Enraizado en el fondo de esa laguna, cual semilla de plenitud queriendo florecer, también está presente tu árbol interior. Conocimiento intuitivo, voluntad y poder creador nutriéndose en la compasión, la confianza y el amor todo abarcador. Es el momento de jugar a activar tales dones y bendiciones, coordenadas del mapa energético de tu esencial potencial y atributos del roble y la laguna que, en ti, están empezando a despertar.

¿Qué miedos sin gestionar te mantienen alerta en un tenso intento de control?
* * * * * *
¿Temes verte desbordado?
* * * * * *
¿Hay emociones que mantienes congeladas?
* * * * * *
¿En qué área queda limitada tu vida, en contradicción con un reconocible impulso de expansión?
* * * * * *
¿Se te hace difícil darte permiso para desarrollar todo tu potencial?
* * * * * *
¿En qué asuntos entran en conflicto una excesiva autoprotección con un claro deseo de evolución?
* * * * * *
¿Qué creencias están relacionadas con estas vivencias?

Es el momento de regresar al centro. A esa laguna interior que convoca al equilibrio, al encuentro y a la celebración. Desde ese centro puedes jugar a integrar, posibilitando que todo encuentre su sitio, su valor y su función, en la circular asamblea de tu corazón.
Jugar a entonarte con esta redentora vibración significa reconocer que todo lo que está presente en tu vida, en esencia, es digno de amor; y hacerlo, hasta que te encuentres vibrando en sintonía, territorio del que se decía que todo su paisaje emitía una frecuencia tan bienaventurada que hasta las sombras gloriosas se sentían, recordándose testigos de la luz del día.

¿En qué aspectos de tu plan de acción observas bloqueos o resistencias?
* * * * * *
¿Cómo puedes apoyar tu voluntad de realización?
* * * * * *
¿Qué es lo que, en tu paisaje interior, aún no ha encontrado su sitio, su valor y su función?
* * * * * *
¿Estás en disposición de percibir tu presente desde la confianza y la compasión?
* * * * * *
¿Reconoces la llamada de tu corazón convocando a la integración?

Confío en la inteligencia de mi corazón donde encuentro conocimiento y efectiva disposición para, aquí y ahora, vibrar en sintonía con todo lo que es y encontrar creativos cauces de acción desde la paz y la libertad de ser.
Entrada al blog

Además...

Y enlaces sobre ...

Entrada al blog

"Lo que el corazón quiere contemplar"

Capítulo 9: El lago que quería ser laguna
A veces, primero tenemos que sanar nuestra propias heridas para alcanzar algún bienestar interior pero, finalmente, experimentamos un movimiento natural de servicio, un anhelo para devolver al mundo.
Jack Khornfield

Sirena Serena y Ogro Logro se están dirigiendo a un territorio que, teniendo a un lago como centro, ha vivido un pasado que se recuerda como glorioso; es decir, digno de honor y alabanza, y relativo a la gloria que allí resplandecía.

En concreto, las aguas del lago eran famosas porque, en su calma y su transparencia, su fondo relucía y daba gloria verse en el espejo de su superficie. En su infancia, antes de la devastadora crecida que marcó un brusco cambio en su vida, el lago era laguna; es decir, depósito natural de agua más pequeño que un lago. En esa época era también lugar de continuados encuentros, celebraciones y fiestas. Y con frecuencia, coros de niños y aladas criaturas, rodeando el círculo que formaban sus orillas, cantaban todos a una, invitando a quienes allí concurrían a vibrar en sintonía. Cosa que conseguían, y por eso a esta laguna por ese nombre se le conocía, dado que todo su paisaje emitía una frecuencia tan bienaventurada que hasta las sombras gloriosas se sentían, recordándose testigos de la luz del día.

Esto era lo que, por aquellos tiempos, en este paraíso denominado Sintonía acontecía. Y quiero añadir que hasta en el cielo la gloria se veía, pues al despuntar la primera luz de la mañana, la más alta montaña de este paraje proyectaba su sombra por encima de las nubes, y se contemplaban en el cielo danzantes anillos multicolores que fueron denominados glorias matinales. Ya ves que tengo razones para calificar de gloriosa la historia de estos lugares.

Claro que también tengo que recordarte que todo esto sucedía antes de la inundación que transformó en lago a la laguna. Tras el desbordamiento, en su frondoso contorno sólo un árbol resistió. Fue el único que pudo aguantar los rayos y soportar lluvias, nieves, granizos y tormentas sin sufrir graves consecuencias.

Ese árbol es un roble y forma parte de nuestro clan, habiendo descendido por el color naranja del arco iris. Aunque también hay que añadir que, dado su imponente tamaño, en ese descenso parecía ocupar todas las franjas de colores.

Llegó unido a la laguna, apoyado en sus orillas y con algunas de sus raíces hundidas en su fondo, de tal forma que nunca se ha sabido quien abrazaba a quien, aunque estaba claro que se querían. La laguna disfrutaba viendo crecer al árbol mientras mantenía la humedad en sus contornos, y el árbol se iba elevando fuerte y entusiasmado sabiéndose bien cuidado. A su vez, el roble merced a sus largas y profundas raíces, favorecía el drenaje hacia el subsuelo y el campo entero se lo agradecía. Hacían un buen equipo.

Este árbol, además de roble, y al igual que la laguna, era de un talante sociable y acogedor. Esa actitud les unía y disfrutaban juntos ofreciendo a quienes les visitaban riqueza, cobijo e inspiración. Además, por la calma que mostraba el lago y la suave sombra del roble, sus alrededores eran visitados por magos, hadas y duendes que recogían hojas, hongos, bayas, ramas, muérdago y cantos rodados para utilizarlos en bellas ceremonias y mágicas celebraciones. Los dos eran buenos anfitriones y era tan apreciado el lugar que las gentes los protegían con círculos de piedras y cintas de colores.

Antes de la riada, periódicamente, las montañas cercanas ofrecían a la laguna, como alimento exquisito, las nieves de sus cumbres, haciéndoselas llegar poco a poco a través de un río que confluía en sus orillas. La laguna, agradecida, disfrutaba viendo cómo parte de su contenido jugaba a evaporarse, y montando en alguna nube veraniega refrescaba las laderas de los montes. Daban y recibían en armonía y en ese lugar sólo rebosaba la alegría. Este era aún el tiempo en el que en las tranquilas aguas de la laguna se veían reflejadas las glorias que brillaban en los cielos.

Pero llegaron gentes de otro lugar que compraron el bosque entero, pusieron puertas al río, dejaron desnudas de árboles las colinas y permitieron que todo el territorio enfermara de sequía. La laguna, entonces, al ver que empequeñecía, cada noche temiendo su desaparición, lloraba y gemía, y hasta un llorar seco tenía, pues no estaba para perder ni una gota de agua. Las montañas que tanto la querían, para no verle agonizar, convocaron a todo tipo de nubes en sus cumbres. Y respondiendo a ese pedido de auxilio fueron llegando blancos y filamentosos cirros, espesos y abundantes cúmulos, estratos y nimboestratos acompañados de nieblas y ventiscas. Todos, como un escuadrón de salvamento, dispuestos a precipitarse en forma de chubascos y lloviznas.

La consigna era llover de tal manera que no hubiera compuerta que impidiera que el agua llegase a la laguna, y ésta otra vez plena se sintiera. Pero fue tan grande su aportación que la laguna no sólo se sintió llena sino rebosante, y eso significó desbordamiento e inundación. Las nubes, con su afán de ayudar, no pusieron límite a su desprendimiento, y en su frenético movimiento chocaron entre ellas, produciendo tormentas acompañadas de granizos y pedriscos. Se produjeron derrumbamientos, preciosas cuevas quedaron ocultas, y el valle se convirtió en un páramo inhóspito, que a golpe de lluvias torrenciales pasó de paraíso a valle de lágrimas. Aquello tuvo atisbos de diluvio, y si ya con la sequía y la deforestación a la laguna casi nadie acudía; después, con los campos anegados por la riada y los temores de aluvión, el lugar aún más solitario aparecía.

No obstante, los temporales terminaron amainando y las aguas volvieron a su cauce, pero quedó mucho miedo atascado en el fondo del lago, y aunque estaba contento de sentirse pleno, a la vez también estaba muy triste. Si antes le preocupaba su empequeñecimiento, luego le angustiaba su posible crecida. Tratando de encontrar una solución, el lago se propuso volver a ser laguna, que según escuchó un día decir a una ninfa poeta, es un lago pequeñito a cuyo alrededor todos cantan a una.

Para lograrlo, pidió ayuda a los vientos, convocando a los más fríos, y decidió mantener sus aguas muy quietas hasta conseguir quedarse congelado. De esta manera consideraba que podía tener controlado su posible desbordamiento y esperaba que con la llegada de la primavera parte de su contenido, cansado de estar tanto tiempo quieto, decidiera evaporarse y subirse a los trenes de nubes que en esa estación del año solían moverse rápidas como las aves. Sin embargo, algo debió de calcular mal porque la primavera ha llegado, el sol calienta, viajan veloces las nubes; pero el lago sigue congelado y las raíces del roble de su orilla, entumecidas, se quejan. Y ahora sus alrededores nadie visita. Únicamente, en las últimas semanas, en la copa del roble, una dríada se divisa.

Pero antes de hablarte de ella, déjame subrayar que el lago, a pesar de todo, sigue manteniendo vivo su deseo de transformarse en laguna y que a su alrededor todos canten a una para contribuir a que el roble siga creciendo, vuelva a ser venerado e irradie su luminosa energía. El roble no sabe cómo explicarlo, pero también intuye que no ha crecido para estar solo y entumecido, sino para ser, como en otros tiempos, roble que crece mirando al cielo; y por serlo, ayudar a otros a elevarse hasta alcanzar la gloria, ese círculo irisado que se vislumbra cuando, estando en lo más alto y rodeado de luz, te atreves también a contemplar tu sombra con la misma ternura que el halo que te alumbra.

Por eso Sirena Serena y Ogro Logro se han puesto en marcha rumbo al lago, ya que han captado la llamada a Sintonía que emite su fondo. Allí, una dríada, utilizando su hechizante baile al modo de los derviches giróvagos, gira y gira sobre sí misma en la alta copa del roble, expandiendo curiosas y sonoras estelas de colores que convocan a una reunión de urgencia, como en otros tiempos y en otras tierras se hiciera con señales de humo, silbidos o txalapartas.

InspirAcción
Paisaje interior
En tu propio pecho llevas tu cielo, tu tierra y todo lo que tus ojos contemplan; y si parece que no hay nada, es porque está dentro.
William Blake

Seguimos jugando a ser.

Favoreciendo el gozoso movimiento vital que vibra con inocencia y en libertad, con la única intención de ser y siendo, permitir y colaborar a que todo lo demás también lo sea. Esa es la entonación con la que canta tu corazón convocando a armónica reunión.

Es el momento de regresar al centro. A esa laguna interior que convoca al equilibrio, al encuentro y a la celebración. Desde ese centro puedes jugar a integrar, posibilitando que todo encuentre su sitio, su valor y su función, en la circular asamblea de tu corazón.

Enraizado en el fondo de esa laguna, cual semilla de plenitud queriendo florecer, también está presente tu árbol interior. Conocimiento intuitivo, voluntad y poder creador nutriéndose en la compasión, la confianza y el amor todo abarcador.

Es el momento de jugar a activar tales dones y bendiciones, coordenadas del mapa energético de tu esencial potencial y atributos del roble y la laguna que, en ti, están empezando a despertar.

Y jugar así, sobre todo, si en tu paisaje interior sientes desolación; o si ancestrales creencias de carencia, culpa e inadecuación mantienen entumecida, en alguna medida, tu voluntad de realización.

Es tiempo de entrar en sintonía y, dando vida en tu vida a territorio tan singular, tus frecuencias de vibración, equilibrar y armonizar.

En coherencia con esta intención, te propongo comenzar escribiendo en tu cuaderno de apuntes las respuestas a las siguientes consideraciones: ¿Qué miedos sin gestionar te mantienen alerta en un tenso intento de control? ¿Temes verte desbordado? ¿Hay emociones que mantienes congeladas? ¿En qué área queda limitada tu vida, en contradicción con un reconocible impulso de expansión? ¿Se te hace difícil darte permiso para desarrollar todo tu potencial? ¿En qué asuntos entran en conflicto una excesiva autoprotección con un claro deseo de evolución? ¿Qué creencias están relacionadas con estas vivencias?

Después, siéntate en un lugar tranquilo, coloca tu atención en el centro energético de tu corazón y observa tu respiración. Imagina este centro como una laguna en calma. Con cada inspiración las aguas se aquietan más y con cada exhalación se vuelven más transparentes.

Cuando hayan pasado algunos minutos haciéndolo asi, afírmate en tu intención de dar la bienvenida, sin prejuicios, a todo lo que se manifieste en esta experiencia. Confía en que toda turbulencia, en forma de distorsionante memoria inconsciente, queda desactivada; y todo puede verse reflejado tal como es, encontrando su sitio, su valor y su función, en las aguas, ahora calmas y transparentes, de tu laguna interior.

Vibrando con esta confianza y esta cordial intención, al inspirar abre tus brazos como si la vida entera quisieras abrazar; mientras que al expirar, contemplando aquello que se haya hecho presente en el campo de tu atención, completa el abrazo dejando tus manos cruzadas sobre tu pecho. En ese momento, con tu mejor voluntad, entona los versos que vienen a continuación:

Te doy la bienvenida a este espacio conciliador en el que guiados por la inteligencia del corazón podemos vibrar en sintonía. Gracias por estar aquí, ayudándome a reflejar en mi conciencia el glorioso círculo espiritual que a todo integra en una armoniosa totalidad.

Hazlo así una y otra vez con todos los aspectos de la vida que, a los dos lados de tu piel, respondan a la llamada a sintonía que emites desde el centro de tu ser. Y hazlo consciente de que para experimentar plenitud, ha de llegar antes la integración.

Jugar a entonarte con esta redentora vibración significa reconocer que todo lo que está presente en tu vida, en esencia, es digno de amor; y hacerlo, hasta que te encuentres vibrando en sintonía, territorio del que se decía que todo su paisaje emitía una frecuencia tan bienaventurada que hasta las sombras gloriosas se sentían, recordándose testigos de la luz del día.

Si miras el camino que has ido dejando atrás, comprenderás que infinitos son los elementos que han posibilitado tal caminar. Infinito el caudal de energía desplegándose en luces y sombras, dimensiones, rumbos y geometrías. Infinita vida haciéndose y deshaciéndose para ir tejiendo la singular trama de tu laberinto vital.

Tras esta contemplación puedes entender que desde la puntual e individual perspectiva no hay suficiente visión para determinar qué es digno de amor y qué no merece tal distinción. Así puedes llegar a comprender que para seguir creciendo tienes que confiar en la inteligencia de tu corazón, que es potente energía que convoca a la integración.

Con este ánimo, cada vez que te sientas en conflicto o te resulte difícil asumir con serenidad una situación, ubícate en ese círculo cordial y convoca su vibración para expandir tu percepción de la situación, recitando la siguiente afirmación:

Confío en la inteligencia de mi corazón donde encuentro conocimiento y efectiva disposición para, aquí y ahora, vibrar en sintonía con todo lo que es y encontrar creativos cauces de acción desde la paz y la libertad de ser.

Además, repasa tu lista de sueños, revisa la sección “Primeros pasos” y, allí dónde observes que se está produciendo alguna resistencia o dificultad para fluir con alegría de ser y voluntad de realización, practica aplicando esta misma declaración.

Vibrando con estos sentimientos, las aguas de tu mar emocional se calman, de la turbulencia pasan a la transparencia, y cada aspecto que en ellas se refleja encuentra su lugar, su valor y su función en un armonioso orden de amor. Del rechazo pasas a la integración, quedando todo convocado en su positiva intención, posibilitando el cantar todos a una, y reflejar la gloria de la plenitud que es silencio y sombra, además de canción y luz.

Desde ese patrón de frecuencia en el que canta tu corazón, equilibras y elevas tu vibración hasta alcanzar la conexión con una gran riqueza de información, conocimiento e intuición. Dicha energía, inteligencia espiritual reinando en lo más elevado de tu árbol interior, tiene todos los recursos y un plan de acción para asumir la responsabilidad del despliegue de todo tu potencial, y así poder reconocer la inmensidad de tu verdadera identidad, contemplándola desde la conciencia de unidad con todo lo demás.

Es el momento de dar vida en tu vida a una driada danzante.

Cap. anterior .......... Página principal .......... Cap. siguiente