Canta lo que canta el fondo de una mirada cuando, más que mirar, admira. Canta lo que canta el fondo de la risa, cuando el reír no tiene prisa. Y canta lo que canta el corazón cuando no hay condición que frene su canción. Le llamamos Sirena Serena y, como era de esperar, cuando esta sirena canta, el alma de todo se calma y se serena.
Lo suyo es llegar al fondo de todo y luego cantarlo. Cantar aquello que quiere ser oído pero aún no se ha escuchado. Ella suele decir que canta lo que canta el fondo de la vida y que lo canta porque le encanta, ya que eso siempre suena de maravilla.
Un día, Sirena Serena cayó en la cuenta que tenía el don de llegar hasta el fondo de los llamados problemas; no sólo en ríos, mares o albercas, sino también en todo lo que un alma alienta. Y desde entonces es capaz, te lo puedo asegurar, de escuchar en esos fondos la alegría taponada, el entusiasmo enfangado o la fortaleza arrinconada. Y cantando su melodía, ayudarles a encontrar caminos para liberarse y volver a vibrar en armonía.
En este viaje, todo avance ha venido precedido de un gesto de recogimiento en el que, respondiendo a una llamada interior, has ofrecido apoyo y consideración a aquello que quería ponerse en circulación. Con ese gesto has posibilitado la expansión de tu conciencia de ser, liberando e integrando aspectos de ti cuya energía aún no había encontrado forma de expresión. Aquí y ahora, en este recodo del sendero, también te invitamos a evolucionar así.
Si en tu vida hay poca admiración, mucha prisa y demasiado freno al intentar moverte al compás de tu apasionado corazón, ha llegado el momento de aprender a vibrar en la frecuencia de esta sirena y entrar en fructífera asociación con el descomunal, inocente, eficiente y algo inconsciente ogro, que permanece escondido en tu interior.
Dejando que la sirena y el ogro nazcan en tu conciencia conseguirás, en medio de una gran serenidad, un gran logro. Aunque en apariencia solo parezca que te has quedado atascado en el fondo de un conflicto o evento catalogado como problema, esa apariencia solo será el preámbulo de un magnífico acontecimiento: algo que en ti parece sombrío e inconsciente, algo que permanece oculto y que al mostrarse inquieta, va a ser, a la luz de tu serena compasión, bien acogido, y por amado, comprendido.

¿Qué aspectos de ese tú mismo que presientes no terminas de permitir que se hagan presentes?
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¿Qué parte apartada de ti no te atreves a amar abiertamente?
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¿Con qué ámbitos de la vida no logras una relación cordial?
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¿Qué es lo que aún debe ser amado para que no tenga que llamar tu atención disfrazado de conflicto y de dolor?
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¿Qué es lo que aún no encuentra un lugar en tu corazón?
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¿Cómo influyen estas resistencias en la manifestación de tu soñada realidad?

Lo más importante es que mantengas la intención de promover que algo se abra camino en ti, al compás de tu compasiva atención; y que en el fondo de tu ser, nuevos recursos empiecen a florecer, dónde antes sólo había resistencia, incomodidad y frustración.
En el canto de la vida todo tiene un ritmo y vibra en la frecuencia del amor incondicional; en un perfecto equilibrio entre recibir y dar, como en equilibrio también están, en medio del silencio, las notas que forman el cantar.

¿Cómo va tu plan de acción para apoyar a tus sueños en el viaje hacia su más feliz realización?
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¿Están siendo eficaces tus primeros pasos para salir del descontento y la insatisfacción?
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¿Cómo estás celebrando tus avances?
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¿Estás sabiendo valorar el camino que te lleva, el sueño que te eleva y el alma que te anima?
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¿estás encontrando saludables cauces de expresión para tus energías?

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Ahora que has aprendido a ir muy adentro para disolver resistencias y que disfrutas buscando la intención positiva que está en la raíz de todo movimiento vital, puedes jugar, con frecuencia, a descender a tu cueva interior para preguntar: ¿qué queda por honrar?
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"Lo que el corazón quiere contemplar"

Capítulo 8: Sirena Serena, Ogro Logro y las caracolas cantantes
La mejor tierra para sembrar y hacer crecer algo nuevo otra vez está en el fondo. En ese sentido, tocar fondo, aunque extremadamente doloroso, es también el terreno de siembra.
Clarissa Pínkola Estés

¿Caracolas cantantes? Creo que es el momento de hablarte de otro miembro de nuestro clan que, habiendo descendido por el color verde del arco iris, tiene como característica principal que su dulce voz sabe cantar lo que canta el fondo del mar. Aún te puedo decir más: su voz sabe entonar lo que escucha en el fondo de todo lo demás. Canta lo que canta el fondo de una mirada cuando, más que mirar, admira. Canta lo que canta el fondo de la risa, cuando el reír no tiene prisa. Y canta lo que canta el corazón cuando no hay condición que frene su canción. Le llamamos Sirena Serena y, como era de esperar, cuando esta sirena canta, el alma de todo se calma y se serena.

Es una fabulosa criatura que desde siempre se recuerda cuidando de las aguas en lagos, ríos o estanques. No tiene muy claro cuál es su genealogía, pero sabe que no es sirena seductora ni ninfa consejera. Lo suyo es llegar al fondo de todo y luego cantarlo. Cantar aquello que quiere ser oído pero aún no se ha escuchado. Ella suele decir que canta lo que canta el fondo de la vida y que lo canta porque le encanta, ya que eso siempre suena de maravilla.

Un día, Sirena Serena cayó en la cuenta que tenía el don de llegar hasta el fondo de los llamados problemas; no sólo en ríos, mares o albercas, sino también en todo lo que un alma alienta. Y desde entonces es capaz, te lo puedo asegurar, de escuchar en esos fondos la alegría taponada, el entusiasmo enfangado o la fortaleza arrinconada. Y cantando su melodía, ayudarles a encontrar caminos para liberarse y volver a vibrar en armonía.

Claro que ese descubrimiento fue todo un logro, y pudo acontecer porque en la vida de esta sirena se cruzó un ogro, que en honor a ese suceso, responde al nombre de Ogro Logro, también componente de nuestro clan, habiendo necesitado para su descenso el camino naranja, el rojo y parte del amarillo.

Su encuentro sucedió en una época en que Sirena Serena estaba terminando de arreglar la cuenca de un arroyo en un poblado que vivía aterrorizado, según le contaron sus habitantes, por el explosivo carácter de un enorme personaje que se guarecía en una mina de la montaña. Podía tratarse de un ogro que tenía muy mal genio o, quizás, era un genio que tenía tan mala cara que parecía un ogro. Los rumores no lo aclaraban. El caso es que, según contaban, tal criatura gruñía, bufaba, resoplaba, saltaba y pataleaba cuando cerca de su cueva escuchaba cualquier clase de ruido, por suave que este fuera. Se alteraba hasta con las risas de los niños, las músicas de las fiestas o el bullir de la sopa hirviendo en un puchero.

En cierta ocasión, una niña que se sentía muy triste, asustada y enfadada porque en uno de sus arrebatos el ogro había destrozado los naranjos y limoneros de su familia, se fue al arroyo a contar sus penas a las aguas y se quedó dormida. Cuando se despertó contó a los demás que, en sueños, una sirena que dijo llamarse Serena le había explicado que para calmar al ogro, mejor dicho, a su temido mal genio, debía recoger unas caracolas que le había dejado preparadas en la orilla y colocarlas junto a la cueva dónde vivía tan rabioso personaje.

Como nada arriesgaban ni perdían, entre todos recogieron las conchas e hicieron lo que tal sirena decía. Y una vez estuvieron dispuestas las caracolas, se pusieron a reír y a jugar hasta que lograron que el ogro saliera refunfuñando de su guarida. Entonces sucedió lo que estaban esperando; pero no por esperarlo, les pareció menos extraordinario. El ogro cogió las caracolas y conforme se las acercó a su oído, su rostro se fue relajando y su ánimo calmando. Al ratito de estar escuchando, las recogió todas, entró en su cueva y, antes de que nadie tuviera tiempo de salir del pasmo y la estupefacción, el ogro volvió a aparecer.

Ahora llevaba puesta una sonrisa, y sus grandes manos estaban llenas de preciosas piedras que los joyeros del pueblo aseguraron después que, además de preciosas piedras, eran piedras preciosas; o sea, verdaderas gemas, que esparció por el suelo antes de volver a meterse en su cueva. Pasada la conmoción, a la niña que creía haber soñado con una sirena se le ocurrió que quizás el ogro había tomado las caracolas como un regalo y las gemas se las entregaba en correspondencia. Así que las recogieron agradecidos y volvieron a sus casas dándose pellizcos y preguntándose si no sería que en el sueño de esa niña aún todos seguían dormidos.

¿Qué estaba pasando? Aquí es cuando he de explicarte el papel tan formidable que en esta historia tienen asignado las caracolas cantantes. Mientras Sirena Serena estuvo arreglando los fondos de las aguas de ese poblado, encontró unas caracolas que, cuando ella cantaba, el eco de su canto guardaban. No hacían como las demás, que sólo guardaban el canto del fondo del mar. Esas caracolas tenían vocación de cantantes; y canción que Sirena Serena componía, canción que las caracolas repetían, añadiendo además el sonido orquestal de todo el fondo del mar.

También en esos días, moviéndose por corrientes subterráneas, Sirena Serena había podido llegar hasta la cueva del ogro; y en el silencio de esa gruta, pudo escuchar su honda pena. No es que tuviera mal genio; no es que el ruido aborreciera, sino que ese ogro, aunque fuera de apariencia enorme y su voz pareciera un trueno —cosas propias de los de su especie—, en su corazón era un niño. Un niño que se aburría en los bajos fondos de las cuevas e intentaba hacer amigos en la superficie.

En los días que Sirena Serena le estuvo observando, pudo saber que este gigante tenía una forma de hablar balbuceante, torpes movimientos y seguramente una visión deficiente. Pero también comprobó que era un minero excelente, que sus brazos tenían una fuerza imponente y que era un genio construyendo corredores, túneles y galerías que permitían dirigir aguas y extraer minerales. Quizás parecía algo inconsciente, pero era un trabajador muy eficiente y tenía un corazón gigante e inocente. Y en ese tiempo sentía la pena de un niño que queriendo jugar y pasarlo bien con otros niños, comprueba que los demás, cuando le ven llegar, se asustan y escapan por más que les persiga pidiéndoles, en su hablar gritón y balbuceante, que se queden y sean sus amigos.

Eso era lo que sucedía todas las veces que el ogro escuchaba algún ruido. Salía corriendo pensando que era una oportunidad de jugar con otros niños; pero quien fuera que estuviera afuera, al verle, huía despavorido. Por eso fue creciendo su pena, la que sólo logró escuchar Sirena Serena. Y fue entonces cuando compuso para él una canción que alivió su tristeza e invocó su paz y su paciencia. La grabó en las caracolas cantantes y se le ocurrió la idea de que los niños las colocaran en la puerta de su cueva para que él lo tomara como una forma de juego, como cuando los niños cambian sus cromos y otras pertenencias.

Después de estos acontecimientos, todo en el pueblo se transformó. Se hicieron famosos por su yacimiento, que el ogro terminó regalando al ayuntamiento. Y fueron también muy apreciados sus tratamientos de aguas, todos basados en una prodigiosa colección de caracolas cantantes que, según contaban las leyendas, fueron entregadas en un sueño por una sirena a una de sus habitantes. Mientras tanto, Sirena Serena consideró que todo lo ocurrido había sido un gran logro, y por eso denominó así a quién ya para entonces era su amigo, su socio y su protegido.

A partir de ese día, Sirena Serena y Ogro Logro han viajado juntos y se encargan de repartir caracolas cantantes allí donde, en su fondo, puede escucharse algo triste, algo enfadado, o algo por algún miedo aprisionado.

Pero aún hay algo más que te tengo que contar. Y tiene que ver con el fondo de un lago, las raíces de un roble y una dríada danzante. Hacia allí se están dirigiendo, respondiendo a un pedido de ayuda, la sirena y el ogro.

InspirAcción
Adentrándote en aguas profundas
Detrás de todo comportamiento hay una intención positiva. Tras cualquier conducta, pensamiento, fantasía o acción, se esconde siempre algún propósito universalmente aceptable y aplaudible, que pugna por transportarnos a un lugar de inocencia universal.
Robert Dilts

En este viaje, todo avance ha venido precedido de un gesto de recogimiento en el que, respondiendo a una llamada interior, has ofrecido apoyo y consideración a aquello que quería ponerse en circulación. Con ese gesto has posibilitado la expansión de tu conciencia de ser, liberando e integrando aspectos de ti cuya energía aún no había encontrado forma de expresión. Aquí y ahora, en este recodo del sendero, también te invitamos a evolucionar así.

Al recitar con frecuencia la canción de la caracola marina ya has estado despertando a tu Sirena Serena. Y habiendo aprendido con Dragona Candela a contemplar tu energía con cordialidad, has encontrado una actitud fenomenal para bucear con más tranquilidad en las aguas profundas de tu mar emocional.

Sirena Serena suele decir que canta lo que canta el fondo de la vida y que lo canta porque le encanta, ya que eso siempre suena de maravilla. Canta lo que canta el fondo de una mirada cuando más que mirar, admira. Canta lo que canta el fondo de la risa, cuando el reír no tiene prisa. Y canta lo que canta el corazón cuando no hay condición que frene su canción.

Si en tu vida hay poca admiración, mucha prisa y demasiado freno al intentar moverte al compás de tu apasionado corazón, ha llegado el momento de aprender a vibrar en la frecuencia de esta sirena y entrar en fructífera asociación con el descomunal, inocente, eficiente y algo inconsciente ogro, que permanece escondido en tu interior.

Dejando que la sirena y el ogro nazcan en tu conciencia conseguirás, en medio de una gran serenidad, un gran logro. Aunque en apariencia solo parezca que te has quedado atascado en el fondo de un conflicto o evento catalogado como problema, esa apariencia solo será el preámbulo de un magnífico acontecimiento: algo que en ti parece sombrío e inconsciente, algo que permanece oculto y que al mostrarse inquieta, va a ser, a la luz de tu serena compasión, bien acogido, y por amado, comprendido.

Un pedido de amor va a ser atendido y con ese logro, lo que hay de ogro en ti, va a encontrar formas de manifestación; sacando a la luz, en ese movimiento vital y sanador, las riquezas que junto a su desilusión quedaban encerradas en su cueva interior.

¿Dispuesto a moverte en esta dirección?

Te sugiero empezar escribiendo en tu cuaderno de apuntes algunas preguntas, que también dejarás caer al fondo más hondo de tu mente:

¿Qué aspectos de ese tú mismo que presientes no terminas de permitir que se hagan presentes? ¿Qué parte apartada de ti no te atreves a amar abiertamente? ¿Con qué ámbitos de la vida no logras una relación cordial? ¿Qué es lo que aún debe ser amado para que no tenga que llamar tu atención disfrazado de conflicto y de dolor? ¿Qué es lo que aún no encuentra un lugar en tu corazón? ¿Cómo influyen estas resistencias en la manifestación de tu soñada realidad?

Tras este tiempo de reflexión escribiendo sobre tu experiencia te propongo un rato de meditación. Busca un lugar tranquilo, siéntate, cierra los ojos y comienza a respirar sin pausa, como se mueven las olas al compás de la marea. Inspira y expira imaginando que con cada respiración, cual Sirena Serena, vas descendiendo a lo más hondo, a tu cueva interior, con la intención de escuchar lo que aún, y muy a su pesar, está esperando a ser en libertad.

Escuchar lo que está frustrado pues, sin entender la razón, en su intento de movimiento, solo consigue generar rechazo. Y por lo tanto, queda sin comprensión su positiva intención. Ahí sigue esperando inocente vida que tiene ganas de jugar. Aspectos de ti cuya energía busca aceptación e integración en tu conciencia de ser.

Mantente durante un buen rato en silencio y quietud, inspirando y expirando sin pausa y en disposición de permitir, sin enjuiciar, que se muestre la frustración, la rabia, la impotencia, la pena, la indignación o cualquier otra emoción palpitando en tu interior. Cuando empieces a percibir esa energía juega a seguir su rastro. ¿Cómo la sientes? ¿En qué parte de tu cuerpo se hace presente? Juega a observarla. A permitirle ser a su manera. Y cuando estés sintiéndola más claramente, pregúntale: ¿cuál es tu positiva intención? ¿Qué estás queriendo aportar a nuestra vida? ¿Qué es lo que deseas expresar? ¿Qué valor estás queriendo preservar?

No busques respuestas; simplemente sigue consciente de tu respiración y mantente receptivo a la experiencia. Permanecer con esa energía, sin juzgarla, puede abrirte a algún tipo de intuitiva comprensión sobre cuál fue la interpretación que te llevó a bloquear su desarrollo e impedir su manifestación. Desde esta compasiva perspectiva contempla ese aspecto de ti en la luz de lo que es y afírmate en la confianza de encontrar saludables cauces de expresión para resolver su agitación.

Con esa intención, vibrando cual Sirena Serena, te propongo recitar una canción que le ayude a actuar con otra cadencia y otro compás y así, en su manifestación, no asustar. Esto es lo que para finalizar esta meditación tienes que entonar y hacerlo desde el amoroso silencio de tu corazón:

Confío en tu positiva intención. Te doy permiso y bendición para tu movimiento y expansión. Tienes tu sitio y tu función en este espacio de silencio y conciliación pues lo que tu das tiene infinito valor para todo lo demás.

En el canto de la vida todo tiene un ritmo y vibra en la frecuencia del amor incondicional; en un perfecto equilibrio entre recibir y dar, como en equilibrio también están, en medio del silencio, las notas que forman el cantar.

Esto es lo que en tus caracolas cantantes puedes grabar. Esta es la serenata que tu ogro necesita escuchar.

Juega a hacerlo así, a modo de meditación, como si estuvieras buceando cual sirena en el fondo del mar. Juega, si quieres, a entonar esta canción mientras te das un baño templado, en agua con sal. Lo más importante es que mantengas la intención de promover que algo se abra camino en ti, al compás de tu compasiva atención; y que en el fondo de tu ser, nuevos recursos empiecen a florecer, dónde antes sólo había resistencia, incomodidad y frustración.

Además conviene que, con regularidad, vuelvas a tu lista de deseos para evaluar y celebrar tus avances. Y que repases la sección de tu cuaderno denominada Primeros pasos para comprobar si tus energías están encontrando mejores cauces de expresión y si están siendo más fructíferos tus planes de acción.

Ahora que has aprendido a ir muy adentro para disolver resistencias y que disfrutas buscando la intención positiva que está en la raíz de todo movimiento vital, puedes jugar, con frecuencia, a descender a tu cueva interior para preguntar: ¿qué queda por honrar? Y si como respuesta puede escucharse algo triste, algo enfadado, o algo por algún miedo aprisionado, te sugiero perseverar en la práctica de la meditación de tu cueva interior.

Haciéndolo así, a lo más profundo en ti vas a llegar y, en ese fondo, te está esperando todo tu potencial en forma de laguna y de árbol ancestral.

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