Perico Periscopio, el niño supuestamente sin cabeza que encontró Diminuta Máxima en el parque, también integrante de nuestro clan, aterrizó bajando por el color amarillo del arco iris. Ya se ha olvidado de este aterrizaje; pero se recuerda siendo un niño cuya cerviz, en principio, parecía diferente a todos los demás cuellos de su país.
Poco a poco, muchos habitantes del país pudieron llegar a imaginarse nuevos horizontes. Y algunos hasta los soñaban por las noches. Así que el deseo fue haciéndose general. Todos querían poder elevar sus cabezas hasta allí donde sus pensamientos habían llegado.
Y un día tras otro ese deseo fue tomando consistencia, y sus cabezas empezaron a chocar contra los paraguas y los entoldados hasta que la lona de estos últimos se fue agujereando y el cuello de algunos, para su sorpresa y regocijo, siguió elevándose conforme más altos eran sus anhelos.
Los nuevos panoramas abrieron sus mentes de tal manera que fueron aprendiendo a responder a cada necesidad con creativas soluciones. Ya no temían los cambios meteorológicos, ni los cambios de costumbres, ni los cambios de puntos de vista. Porque la lección que mejor habían aprendido era que ante las dificultades podían agarrarse con confianza a su imaginación y decir con entusiasmo, mientras buscaban nuevos horizontes: ¡Arriba Periscopio!
Perico le explicó que en una de sus “observaciones periscópicas” había visto, muy a lo lejos y encaramada a la copa de un roble, una encantadora bailarina. La primera vez que contempló lo que él llamaba ahora una maravilla, lo había confundido con un arco iris. Pero luego pudo darse cuenta que el arco iris parecía moverse en giros y ondulaciones, cosa poco probable en tal fenómeno atmosférico, y entonces fue cuando descubrió que se trataba de una niña con los cabellos de todos los colores.
También entonces se dio cuenta que se sentía encantado con sus bailes y que cuanto más la contemplaba en sus giros, más se sentía llamado a acercarse a ese árbol y a reunirse con ella.
Era estupendo, gracias al cuello periscópico de Perico, subir tan alto sin desmoronarse, pensaba en esos días Diminuta Máxima. Y además, el latido entusiasmado de su corazón resultaba una brújula exacta que le ayudaría a no perder el norte. Pero, sin embargo, aun siendo, por todo esto, expertos en ir más arriba y más adentro, se quedarían bastante cortos en sus intentos de ir más allá; pues sus pasos, una por enana y el otro por niño, eran pequeños.
Ya puedes empezar a jugar, en este cuento de encuentro, a percibir señales de sincronicidad. Es un juego divertido que consiste en observar si, a tu alrededor, algo parece moverse con tu mismo secreto compás. Es la manifestación de que tu corazón ya está siendo centro de atracción para todo aquello afín a tu misión y que, aún sin saberlo, comparte tu visión; y en tu sueño feliz, su sueño feliz ha de encontrar culminación.

¿Qué pensarías, sentirías y harías si no te pareciera imposible?
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¿Qué acciones emprenderías si te sintieses libre?
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¿Qué decisiones tomarías si supieras que vas a tener éxito?
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¿Qué ves cuando miras por encima de algunas limitadoras actitudes y creencias:?
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¿Qué hay más allá de tu techo de seguridad?

Cuestiona tus percepciones. Diferencia entre hechos e interpretaciones. Observa las diferentes emociones y espacios de acción que se generan en tus diversas conclusiones. Y juega a elevar tus pensamientos hasta romper limitadas suposiciones.
“Estés donde estés, disfruta eligiendo la belleza como centro de atención."

¿Estás alimentando tu espíritu con inspiradoras influencias?
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¿Qué te ayuda a mantener tu ánimo en un positivo enfoque y una optimista expectativa?
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¿Compartes tus talentos?
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¿Ofreces pensamientos “lianas” a quienes quieren jugar contigo a elevar su perspectiva?

Busca claridad, confía en que tras las tormentas llegan momentos de calma y luminosidad, y juega, como Perico Periscopio, a seguir al osado gusanito de tu curiosidad.
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Encuentra tiempo para estirar tus músculos, caminar, practicar algún deporte o bailar y mientras lo haces, escucha a tu cuerpo. ¿Qué dicen tus movimientos sobre tus sentimientos y actitud? Después de un rato haciendo ejercicio imagina que algunos de tus sueños ya se han cumplido. Visualiza esas felices escenas y permite que surjan formas de moverte coherentes con esas visiones. Toma conciencia de esas posturas y, en adelante, juega a incorporar esos gestos y movimientos para evocar un ánimo similar.
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Tras imaginarte en estas tres perspectivas, toma tu cuaderno de apuntes, revisa lo escrito en la sección Primeros Pasos y amplia tu plan de acción teniendo en cuenta los nuevos puntos de vista.
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Vibrando en esa primera manifestación de unidad que es siempre la generosidad de un corazón que intuye que el interés de otro es también su propia motivación, lograrás que tu personal travesía sea un camino de encuentro y celebración.
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"Lo que el corazón quiere contemplar"

Capítulo 6: Perico Periscopio divisa una maravilla
El ser humano no puede aprender nada, a no ser que vaya de lo conocido a lo desconocido.
Claude Bernard

Diminuta Máxima consideró que debía ponerse cuanto antes en marcha para encontrar un joven árbol roble que cumpliese el sueño de algunos de los de su especie. Encontrarlo apoyaría la posibilidad de colocar su estrella en el lugar más alto de ese roble. Pero antes había que ayudar a los libros abandonados y los folios descoloridos según el plan que habían elaborado juntos.

En los siguientes días, Diminuta Máxima se sintió muy contenta al realizar estas tareas y ver la sonrisa satisfecha de esos elementos antes frustrados de su biblioteca; pero además estos primeros pasos tuvieron otras importantes consecuencias, ya que la tarde que fue al parque a dejar los libros en los bancos de la rosaleda, le pareció ver a un niño… sin cabeza. ¿Será una vez más que, por mi enana estatura, sólo soy capaz de ver parte de una persona completa?, se preguntó Diminuta Máxima. Para comprobarlo se encaramó al banco y hasta pidió permiso a sus libros para subirse encima y lograr una mayor perspectiva; pero aún así seguía viendo a aquel niño con el cuello bien estirado… y sin cabeza. Su gaznate se perdía entre las flores y las hojas de las enredaderas, pero Diminuta Máxima no tenía nada más dónde alzarse; así que finalmente, decidió acercarse y comenzar cortésmente, levantando lo más que pudo su voz para pronunciar su nombre. Advirtiendo, por si ese niño era muy grande, que para verle, dada su pequeñez, quizás tendría primero que adivinarle. Por último añadió que estaría muy contenta de saludarle.

Pero antes de relatarte este encuentro déjame que te cuente que Perico Periscopio, el niño supuestamente sin cabeza que encontró Diminuta Máxima en el parque, también integrante de nuestro clan, aterrizó bajando por el color amarillo del arco iris. Ya se ha olvidado de este aterrizaje; pero se recuerda siendo un niño cuya cerviz, en principio, parecía diferente a todos los demás cuellos de su país. Más que un cuello se parecía a un periscopio, y de ahí que terminaran apodándole Perico Periscopio, porque su garganta se alargaba y se acortaba a su gusto, siendo su preferencia, sobre todo, buscar la claridad y el cielo abierto. Algo muy extraño en su tierra natal, que se caracterizaba porque sus habitantes, para resguardarse del mal tiempo, siempre permanecían bajo la protección de un paraguas, sombrilla, toldo, cobertizo, techo, bóveda o tejado.

Era un extraño lugar en el que la población, cada día, para comprobar qué clima hacía, en vez de abrir sus ventanas abría un libro en cuyos textos todos creían mucho más que en lo que sus propios ojos veían. Se trataba de un manual escrito en una época en que la región estaba asolada por un clima muy tormentoso, huracanado, ventoso, oscuro y borrascoso, y tal documento tenía como objetivo prevenir de los peligrosos fenómenos meteorológicos que estaban ocurriendo.

Se contaban historias que a todos asustaban sobre viajeros que se habían quedado perdidos en la niebla y finalmente habían sido encontrados totalmente desorientados en el fondo de un barranco, de personas a las que casi les había partido un rayo por no resguardarse de la tormenta, de individuos cuyas pelucas se había llevado el viento huracanado, y hasta de algunas cabezas huecas que se decía habían quedado seriamente afectadas por la fuerza del granizo.

Desde entonces, y para evitar tales desgracias, en el departamento de Medio Ambiente de la capital, cada día, se hacía la previsión meteorológica para el día siguiente y los datos quedaban registrados cuidadosamente para que todos los ciudadanos pudieran hacer sus consultas. Como tan agitado clima se mantuvo durante mucho tiempo sin casi cambios, los encargados de las predicciones fueron dejándose llevar por la rutina y la pereza, y en vez de realizar con esmero su trabajo, se quedaban cómodos y calentitos en sus oficinas y copiaban las predicciones de días, semanas, meses y años anteriores. Por su parte, los vecinos, asustados por las trágicas historias del pasado, no se atrevían a abrir sus ventanas y terminaron confiando ciegamente en los especialistas. Al cabo del tiempo, ni pasaba por su cabeza la idea de comprobar por ellos mismos si caía aguanieve o había salido el sol. Era como si hubieran adoptado la creencia de que el presente era simplemente una copia exacta del pasado ante el que debían protegerse.

Así venían siendo las cosas en el lugar en el que Perico Periscopio iba creciendo mientras sentía una fuerte atracción hacia toda claridad, destello, fulgor o luminosidad. Un día, Perico observó que el toldo que lo cobijaba tenía un agujero y vio también que por ese agujero entraba un gusano. La curiosidad de Perico era más fuerte que el miedo a las ventiscas, y esa curiosidad le llevó a seguir con su mirada a la oruga que una vez llegó al suelo volvió a subir por el tallo de una enredadera hasta que desapareció otra vez por el agujero del entoldado, dejando a Perico con un gran deseo de ir tras ella.

En ese momento, Perico imaginó que era un submarino y su cuello un periscopio y, aunque en un principio no se dio cuenta, mientras eso imaginaba iba elevándose hasta encontrarse por encima del toldo, y luego por encima de los árboles, y un poco más tarde por encima de los nubarrones, porque después de seguir la trayectoria de la oruga, a la que quiso comer un pájaro sin conseguirlo, Perico Periscopio siguió el vuelo de dicho pájaro hasta que llegó muy alto, muy alto, tanto que sintió un poco de vértigo y fue entonces cuando comprendió lo que estaba ocurriendo.

Su cuello se estiraba conforme su mirada se alzaba. Aquello fue un gran impacto para Perico, pues era como percibir otra realidad. Pero cuando volvió a encoger su pescuezo y quiso compartir su experiencia, nadie le entendió, y pensaron que era un niño muy raro y que la característica de su cuello era peligrosa, pues en cualquier momento le pillaría la tormenta y un rayo le partiría tan raro cogote. Por más que Perico intentaba explicarles lo que había visto, nadie quería escuchar lo que consideraban arriesgadas fantasías. Hasta que se le ocurrió aquello de instalar en su garganta una liana a modo de escalera de ascenso.

Esa decisión supuso toda una revolución en la comarca. Al principio sólo algunos niños, y a escondidas, se atrevían a agarrarse a su cuello mientras este se alargaba. Subían cuales gusanitos por la liana hecha de enredaderas. Y aunque eran pocos los que se atrevían, cuando bajaban estaban deseosos de contar lo que veían cuando estaban arriba. Al escucharles, otros niños y algunos mayores también querían probarlo, pero el cuello de Perico no podía con tanto peso, así que los adultos se quedaban con las ganas. A su vez, estas ganas hicieron que desearan más ser como niños y que la voz de los chiquillos ocupase más su atención que las historias del pasado registradas en los textos. Además, los pintores sintieron el deseo de reflejar en sus cuadros los paisajes que describían los niños tras el ascenso, y los poetas ponían rima a esas experiencias, que a su vez cantaban los trovadores, y hasta se hicieron guiñoles y obras de teatro con la figura de Perico elevando su cuello en escenarios en los que, por encima de las nubes, el sol seguía brillando.

De esta manera, y poco a poco, muchos habitantes del país pudieron llegar a imaginarse nuevos horizontes. Y algunos hasta los soñaban por las noches. Así que el deseo fue haciéndose general. Todos querían poder elevar sus cabezas hasta allí donde sus pensamientos habían llegado. Y un día tras otro ese deseo fue tomando consistencia, y sus cabezas empezaron a chocar contra los paraguas y los entoldados hasta que la lona de estos últimos se fue agujereando y el cuello de algunos, para su sorpresa y regocijo, siguió elevándose conforme más altos eran sus anhelos.

Fue entonces cuando en vez de consultar el antiguo libro de las predicciones meteorológicas, cada mañana, sin temor, miraban por la ventana. Los nuevos panoramas abrieron sus mentes de tal manera que fueron aprendiendo a responder a cada necesidad con creativas soluciones. Ya no temían los cambios meteorológicos, ni los cambios de costumbres, ni los cambios de puntos de vista. Porque la lección que mejor habían aprendido era que ante las dificultades podían agarrarse con confianza a su imaginación y decir con entusiasmo, mientras buscaban nuevos horizontes: “¡Arriba Periscopio!”

Y ahora es momento de recordar que Diminuta Máxima estaba en el parque llamando a Perico desde abajo. Tras un primer momento de desconcierto, Perico Periscopio saludó a Diminuta Máxima con lo que podríamos llamar una reverencia, dado que le resultaba más rápido inclinar su cerviz que recuperar la altura de cuello en la que, un poco más arriba de los hombros, podemos ver la cabeza. Con ello, Diminuta añadió una buena porción de asombro a su desconcierto; pero le pareció divertido ese momento, y en cierta manera le alivió saber que no estaba ante un niño sin cabeza, sino ante un niño bastante estirado; pero que consentía con simpatía bajar a su altura y saludarle, correspondiendo a su cortesía.

Después de ese saludo y de contar su historia, Perico le explicó que en una de sus “observaciones periscópicas” había visto, muy a lo lejos y encaramada a la copa de un roble, una encantadora bailarina. La primera vez que contempló lo que él llamaba ahora una maravilla, lo había confundido con un arco iris. Pero luego pudo darse cuenta que el arco iris parecía moverse en giros y ondulaciones, cosa poco probable en tal fenómeno atmosférico, y entonces fue cuando descubrió que se trataba de una niña con los cabellos de todos los colores. También entonces se dio cuenta que se sentía encantado con sus bailes y que cuanto más la contemplaba en sus giros, más se sentía llamado a acercarse a ese árbol y a reunirse con ella. Siguió durante un tiempo con sus observaciones, y comprobó que la bailarina disfrutaba haciéndose trenzas y peinados, y danzaba un baile distinto según el color del cabello que cada día dejaba suelto.

Pero no sabía más. Todo eso le había picado su curiosidad; aunque no como otras veces para ir más alto hacia arriba, sino para ir más lejos, hasta encontrar el árbol en cuya copa danzaba esa niña. Por eso se había puesto de viaje. Perico Periscopio cada día, a modo de asana yóguica, elevaba su cuello hasta alcanzar la altura en la que se divisaba a esa extraña bailarina; y si la iba viendo algo más cerca se sentía tranquilo, pues consideraba entonces que su rumbo era correcto y tarde o temprano con ese árbol se toparía.

—¿Así que estás buscando un roble? —le preguntó emocionada Diminuta Máxima.

—Sí —respondió Perico Periscopio—, estoy seguro que se trata de un roble y que además crece solitario aunque muy elevado, pues no veo otros árboles en ese paisaje. Pero, ¿por qué me preguntas por el árbol roble y no sobre los bailes de la niña, que son la verdadera maravilla?

Entonces Diminuta Máxima le explicó cuáles eran sus planes, sus propósitos y sus motivaciones, y al contarle que ella también buscaba a un joven roble, decidieron caminar juntos y hacer un mismo viaje.

Era estupendo, gracias al cuello periscópico de Perico, subir tan alto sin desmoronarse, pensaba en esos días Diminuta Máxima. Y además, el latido entusiasmado de su corazón resultaba una brújula exacta que le ayudaría a no perder el norte. Pero, sin embargo, aun siendo, por todo esto, expertos en ir más arriba y más adentro, se quedarían bastante cortos en sus intentos de ir más allá; pues sus pasos, una por enana y el otro por niño, eran pequeños. Lo más probable es que irían avanzando muy despacito. Y así se lo comentó a su nuevo compañero.

Estas preocupaciones también las escuchó Bota Rebotada y pensó que sí, que era cierto, que los pasos de sus dos amigos eran cortitos. Si su estatura fuera tan grande como sus sueños; es decir, si tuvieran pies de su tamaño, ella podría llevarles rápido, y mucho más pronto llegar muy lejos. Bota Rebotada se dio cuenta que aunque estaba encantada de calzar sueños, ahora también le gustaría ser aún más útil sirviendo de fuerte y seguro calzado viajero.

Uno de los días que estaban terminando con las tareas de repartir libros y puntos de lectura en forma de figuritas de papiroflexia, se encontraron con que en aquel parque se celebraba una fiesta, y vieron a una enorme, aunque un poco torpe, dragona haciendo un número espectacular de fuegos naturales sobre una alberca y encendiendo más tarde, con un fuego pequeñito, las velas de una tarta de cumpleaños. Aquel número les pareció fantástico y espectacular, y decidieron conversar con la artista una vez acabado el evento.

¿Una dragona en el parque? ¿Fuegos naturales? ¿No se encienden las velas con cerillas y no es lo natural que los fuegos en las fiestas sean artificiales?

InspirAcción
Altura de miras
Una vez hayas aceptado tus límites, ve más allá de ellos.
Albert Einstein

Estamos en el momento en el que Diminuta Máxima ha comenzado su viaje, dando los primeros pasos en su plan de acción para salir del descontento y la insatisfacción.

Tú también te has puesto en marcha con esa misma intención, y es momento de recordar y subrayar que en este caminar todo cuenta y con todo hay que contar. Actitud que podrás mantener si recuerdas a menudo que estás jugando a que tu universo es el reino de Todo lo que Es, en el que todo lo que es posible tiene que serlo, permitiendo y colaborando a que todo lo demás también lo sea.

Vibrando en esa primera manifestación de unidad que es siempre la generosidad de un corazón que intuye que el interés de otro es también su propia motivación, lograrás que tu personal travesía sea un camino de encuentro y celebración.

De manera que ya puedes empezar a jugar, en este cuento de encuentro, a percibir señales de sincronicidad. Es un juego divertido que consiste en observar si, a tu alrededor, algo parece moverse con tu mismo secreto compás. Es la manifestación de que tu corazón ya está siendo centro de atracción para todo aquello afín a tu misión y que, aún sin saberlo, comparte tu visión; y en tu sueño feliz, su sueño feliz ha de encontrar culminación. Si descubres tales signos acéptalos como una oportunidad para ver más allá de las probabilidades establecidas y disfrútalos, confiando en que hay variables invisibles que están apoyando tu misma intención.

Un encuentro así fue el que reunió a Diminuta Máxima con Perico Periscopio, ¿jugamos a que también en tu vida se hace presente este niño y su gran altura de miras?

Para ubicarte en su perspectiva, te propongo dedicar un tiempo a recorrer algunas calles de tu ciudad observando todo lo que llame tu atención. Luego, busca un lugar elevado desde donde se pueda contemplar ese mismo paisaje y percibe las diferencias al cambiar de punto de vista.

Tras esta experiencia toma tus apuntes, repasa tu lista de sueños, y contémplalos desde distintos enfoques. Cuestiona tus percepciones. Diferencia entre hechos e interpretaciones. Observa las diferentes emociones y espacios de acción que se generan en tus diversas conclusiones. Y juega a elevar tus pensamientos hasta romper limitadas suposiciones. Describe lo que ves cuando miras por encima de algunas circunstancias, actitudes y creencias: ¿Qué pensarías, sentirías y harías si no te pareciera imposible? ¿Qué acciones emprenderías si te sintieses libre? ¿Qué decisiones tomarías si supieras que vas a tener éxito?

Alimenta tu espíritu con inspiradoras influencias. Elige lecturas, imágenes, compañías y experiencias que te ayuden a mantener tu ánimo en un positivo enfoque y una optimista expectativa.

Juega también a transmitir confianza y entusiasmo apoyando el despliegue del potencial de todo lo que te rodea. Comparte tus talentos y tu capacidad y ofrece pensamientos “lianas” a quienes quieren jugar contigo a elevar su perspectiva.

Estés donde estés, disfruta eligiendo la belleza como centro de atención.

Busca claridad, confía en que tras las tormentas llegan momentos de calma y luminosidad, y juega, como Perico Periscopio, a seguir al osado gusanito de tu curiosidad.

¿Qué hay más allá de tu techo de seguridad?

Comienza a practicar alguna actividad que hace tiempo estás deseando probar y hazlo por el simple hecho de experimentar.

Encuentra tiempo para estirar tus músculos, caminar, practicar algún deporte o bailar y mientras lo haces, escucha a tu cuerpo. ¿Qué dicen tus movimientos sobre tus sentimientos y actitud? Después de un rato haciendo ejercicio imagina que algunos de tus sueños ya se han cumplido. Visualiza esas felices escenas y permite que surjan formas de moverte coherentes con esas visiones. Toma conciencia de esas posturas y, en adelante, juega a incorporar esos gestos y movimientos para evocar un ánimo similar.

Además, tras tus momentos de ejercicio físico, te sugiero sentarte en silencio y realizar la siguiente meditación: Empieza tomando conciencia de tu respiración y observa cómo vienen y van tus pensamientos. Cuando tu atención se quede apegada a alguno de ellos, vuélvela a enfocar en cada inspiración y expiración.

Sigue un rato haciéndolo así y luego imagina que, tras esas hileras de pensamientos que llegan y se van, hay un campo infinito de energía, de donde surge todo lo que es, y en donde se va a engendrar el patrón de vida necesario para manifestar lo que tu corazón quiere contemplar.

Ahora, con cada respiración te afirmas en la intención de volverte más y más receptivo a esa fuente de inspiración brotando en el centro de tu ser. Finaliza esta experiencia realizando tres respiraciones profundas, en las que expresas gratitud por el camino que te lleva, el sueño que te eleva y el alma que te anima.

Y si te quedan ganas de jugar un poco más, imagina que eres,a la vez, Diminuta Máxima, Bota Rebotada y Perico Periscopio, haciendo repaso de tu situación en los comienzos de esta expedición.

Empieza vibrando en la energía de Diminuta Máxima, recordando que cuentas con la brújula de tu entusiasmado corazón. Como ella, tienes un norte, confías y te sientes formando parte del sueño de la vida, en el que todo encuentra su sitio, su valor y su función.

Además, abrazado a tu experiencia, útil Bota Rebotada, sabes que puede calzar tus sueños y llegar hasta el confín en que se cumplan.

Y también, ahora, con Perico Periscopio latiendo en tu interior, compruebas que puedes flexibilizar tu cuerpo y tu percepción, y elevándote, expandir tu visión.

Tras imaginarte en estas tres perspectivas, toma tu cuaderno de apuntes, revisa lo escrito en la sección Primeros Pasos y amplia tu plan de acción teniendo en cuenta los nuevos puntos de vista.

Quizás también, como a ellos en este punto les sucedió, sientas entusiasmo, expectación y muchas ganas de avanzar veloz, pisando firme y lleno de pasión, a la vez que notas una cierta sensación de lentitud, resistencia o limitación.

Si te está ocurriendo así, o si quieres asegurarte que despliegas con eficacia tu rebosante energía, es el momento de dar vida en tu vida a una dragona encendida.

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