Ayudaría a cada libro, a cada texto y a cada documento, a cumplir su función y a encontrar su puesto; ese en el que tienes la oportunidad de ser todo lo que eres, y compartiéndolo, en vez de quedarte con menos, te llenas más, te sientes más pleno.
Quizás bastaba, como ahora, con entusiasmarse, concentrando la atención en una intención que le apasionase. Recordando una visión que le encantase; es decir, que le ayudara a sentirse encantada de la vida, encantada de tener la oportunidad de encontrar aquello que su corazón quería contemplar.
Ahora, el tarjetón y ella tenían un interés común que consistía en conservar ese deseo vivo y cuidarlo hasta que se convirtiera en realidad.
Por pequeño que sea, todo sueña”, les recordaba Diminuta Máxima, animándoles a expresarse. Y teniendo en cuenta los matices de los deseos que le comunicaron, fueron imaginando juntos formas de salir de su descontento.
Ella observa y atiende sus pensamientos, sus emociones y sus sensaciones. Y haciéndolo toma conciencia de lo que entusiasma su corazón. Ella, además, se hace responsable de la coherencia de sus acciones con esa visión y esa misión que va cuajando en su interior.
Quizás es el momento en el que vibrando en la frecuencia de Diminuta Máxima, aunque te creas insignificante, te des permiso para sentirte colosal. Eso supone crecer. Apoyar el despliegue de la vida que, en tu conciencia de ser, quiere expandirse para ser admirada, honrada y celebrada.
Prueba a compartir lo que sabes, lo que sientes, lo que tienes y lo que eres, para tomar conciencia de tu colaboración en la realización de los sueños de los que tienes alrededor.

¿Qué es lo que, en tu vida, reclama ser tenido en cuenta?
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¿Proyectos inacabados?
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¿Deseos insatisfechos?
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¿Heridas del pasado buscando sanación?
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¿Conocimiento que espera ser compartido?
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¿Talentos por desarrollar?
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¿Aprendizajes que piden ser aplicados?
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¿Nuevas ideas a poner en práctica?
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¿Afectos sin cauces de expresión?
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¿Situaciones estancadas anhelando fluir?
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¿Sueños que quieren hacerse realidad?

Atiende todo lo que en ti aún no ha encontrado su sitio, su valor y su función; comprometiéndote a acompañarlo en su evolución que es también el viaje hacia tu conciencia de realización en creativa expansión.

¿Qué está en tu mano hacer para avanzar un paso más hacia tu soñada realidad?
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¿Qué harías si supieras que va a salir bien?
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¿Qué te gustaría hacer?
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¿Qué acciones intuyes que son las más adecuadas?
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¿Qué crees que debe hacerse? ?
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¿Qué imaginas que harían en esta situación las tres personas que más admiras?
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¿De qué dispongo en este momento y en qué me puedo apoyar para progresar hacia mis objetivos?

Comienza por las actividades más fáciles de realizar, las que tengas más a mano y te puedan ayudar a ir más allá del descontento y rumbo a la felicidad. Entendiendo por tal, el libre e inocente movimiento de la vida, surgiendo en ti, en medio de una espontánea alegría y creatividad.
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Piensa, además, en todo lo que a tu alrededor, por pequeño que sea, también sueña; y afírmate en la intención de interesarte por sus anhelos y las posibilidades de mutua colaboración.

¿De qué forma puedes colaborar en la realización de los sueños de los que tienes alrededor. ?
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¿Qué es lo que puedes aportar?
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¿Cómo puedes transmitir lo que sabes?
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¿Estás ofreciendo interés, respeto y esperanza ante los deseos de los demás?
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¿Buscas áreas de intereses comunes?
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¿Ves posibilidades de mutua colaboración?

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"Lo que el corazón quiere contemplar"

Capítulo 3: Diminuta Máxima busca unos mapas"
“El deseo de cuestionar la vida viene de la propia vida, de esa parte de la vida que todavía está escondida. La vida nos incita a preguntarnos. Quiere ser admirada. En tanto que no lo sea, la pregunta permanece.
Jean Klein

Diminuta Máxima forma parte de nuestro clan, habiendo descendido por el color rojo del arco iris junto a unas enormes botas. Ha olvidado este aterrizaje. Sin embargo, se recuerda, desde siempre, estando entre gente grande, siendo ella gente pequeña. No es que sea insignificante, pero es diminuta aunque le llaman Máxima.

Haciendo honor a su nombre, le encanta memorizar frases célebres. Sabe proverbios para organizarse, adagios para calmarse, sentencias útiles para disciplinarse, dichos que le divierten, refranes para prevenir, aforismos para predecir, preceptos para convivir, y hasta algún axioma para ser feliz. Pero aún con todo, Diminuta Máxima todavía no ha encontrado respuestas para algunos cómos, dóndes y paraqués. Y esas interrogantes han terminado sacándole de sus casillas, hasta el punto de estar pensando en irse de viaje. Es decir, dejar su casilla o razón social.

Este espíritu viajero comenzó hace tiempo, cuando leyendo algunos libros sentíase muy ligera, diríase que volátil. Como si las páginas le sirvieran de alas y sus pensamientos fueran cálidas corrientes de aire por las que ascender, en este caso no a los cielos, pero sí hasta el techo de su imaginación. Claro que, una vez terminada la lectura, era como si sus alas se cerrasen; y caía en picado, no ya al suelo, que hubiera sido un desastre, sino al colchón; pues, tomando precauciones, leía tumbada en la cama y así se aseguraba un blandito aunque forzoso aterrizaje.

Quizás fue por estas experiencias que Diminuta Máxima se propuso buscar algunos mapas, pues quería comprobar si existía un camino que le llevara a algún lugar, ya que en estos vuelos iba de abajo a arriba y de arriba a abajo, sin llegar a ninguna parte. Además, también decidió buscar alguna cartografía de su propia identidad, mapas que le ayudasen en el caso de que, por ser tan minúscula, los demás no le vieran y ella tuviera dificultades para encontrarse.

En su afán de localizar tales cartas geográficas estuvo revolviendo cajones, removiendo pilas de documentos, empujando libros que terminaban cayendo de los estantes, arrastrando manuscritos, y en fin, desorganizando la biblioteca, como si hubiera tomado por misión secreta descolocarlo todo aparentando una búsqueda concreta.

Y fue en medio de esta frenética actividad cuando empezó a sentir el desánimo que estaba cundiendo entre algunos libros que le confesaron sentirse olvidados, el desasosiego de bastantes folios que con el desgaste del tiempo estaban viendo desaparecer sus textos, la intranquilidad de unas carpetas que contenían un relato inacabado que quería saberse terminado, la inquietud de un deseo plasmado en un tarjetón por temer ser olvidado, y, como fondo de tanto desaliento, los crujidos en forma de lamentos de un gran armario de roble, recordando una sombría leyenda de los árboles de su especie.

Tiene que ser triste ser un libro y estar olvidado en una estantería. Debe ser frustrante para un manuscrito no tener más remedio que mantener su potencial guardado en una carpeta, por muy decorativa que esta sea. Y qué decir del deseo olvidado, viéndose aprisionado en una tarjeta cuando su vocación es la de ser un deseo realizado. Estas eran algunas de las cavilaciones de Diminuta Máxima mientras buscaba los mapas.

Así discurría el flujo de sus pensamientos hasta que desembocó en una decisión: ayudaría a todo lo que se sentía frustrado en los estantes, cajones y los archivos de su biblioteca, a realizar su sueño. Ayudaría a cada libro, a cada texto y a cada documento, a cumplir su función y a encontrar su puesto; ese en el que tienes la oportunidad de ser todo lo que eres, y compartiéndolo, en vez de quedarte con menos, te llenas más, te sientes más pleno.

Todo esto pensaba Diminuta Máxima en los últimos días mientras recorría la biblioteca en la que ya nada parecía estar en su sitio, y lo que aún se mantenía en su lugar también iba tomando semblanza de trajín y de mudanza. Y entretanto iba repitiendo, casi canturreando, el deseo supuestamente olvidado que había encontrado escrito en el viejo tarjetón y que así decía: Por pequeño que sea, todo sueña, y siguiendo el sueño que canta en su corazón, todo encuentra su sitio, su valor y su función en otro sueño aún mayor, donde vibrando en sintonía, todo despierta latiendo con un solo corazón.

Cantó y cantó, hasta que le encantó; hasta que notó que además de tal cantinela estaba escuchando, latiendo muy fuerte, su propio corazón. ¿Tendría esa frase algún poder de encantamiento? Para Diminuta Máxima esta experiencia fue todo un acontecimiento, diríase que una revelación, pues comprendió que escuchar su corazón podía ser un camino seguro para, aún siendo diminuta, volver a encontrarse en el caso de perderse. ¿Y cómo hacer para que su corazón se oyese?

Quizás bastaba, como ahora, con entusiasmarse, concentrando la atención en una intención que le apasionase. Recordando una visión que le encantase; es decir, que le ayudara a sentirse encantada de la vida, encantada de tener la oportunidad de encontrar aquello que su corazón quería contemplar. Ahora, el tarjetón y ella tenían un interés común que consistía en conservar ese deseo vivo y cuidarlo hasta que se convirtiera en realidad.

¡Manteniéndose en esa sintonía, aún siendo diminuta, siempre se encontraría! Todavía no había hallado ningún mapa; pero consideró que con este descubrimiento podía decir que ya tenía brújula.

Esta confianza que desde ese momento albergó Diminuta Máxima aceleró sus planes. No sabía mucho de sí misma, pero ya no temía perderse, y los siguientes días se dedicó a escuchar las penas y los lamentos de los elementos insatisfechos en sus estanterías. “Por pequeño que sea, todo sueña”, les recordaba Diminuta Máxima, animándoles a expresarse. Y teniendo en cuenta los matices de los deseos que le comunicaron, fueron imaginando juntos formas de salir de su descontento.

Acordaron que en los folios descoloridos se volverían a escribir inspiradoras máximas, luego se doblarían convenientemente según el arte de la papiroflexia, y una vez habiéndole dado a cada trozo de papel una preciosa forma y un exquisito contenido, Diminuta Máxima las colocaría entre los volúmenes más solicitados, a modo de puntos de lectura.

Respecto a los libros que le dijeron sentirse contrariados por estar olvidados, decidieron comenzar la aventura de buscar nuevos lectores; y para encontrarlos, Diminuta Máxima se comprometió a colocarlos en bancos de parques, mesas de tabernas y otros lugares en los que podrían ver si lograban establecerse como libro de texto, libro de bolsillo, libro de cabecera o, al menos, libros abiertos, que era lo mínimo a lo que aspiraban aquellos libros y no lo estaban consiguiendo, permaneciendo cerrados en las estanterías.

Por último, respecto a los cartapacios llenos de apuntes, decidieron en primer lugar examinar el contenido y leer el relato inacabado. Pero cuando ya estaba dispuesta a empezar con esta tarea, resultó que en el interior de tales portafolios, en vez de apuntes encontró únicamente una carta dentro de un sobre. ¿Quizás es que con tanto cambio había puesto esos papeles en otros estantes? No obstante, a pesar de esa ausencia, las carpetas parecían muy contentas ahora, pues decían que ya habían conseguido que se tuviera en cuenta su interior además de su apariencia. De manera que, como ya tenía entre manos mucho trabajo, Diminuta Máxima decidió no dar al asunto más importancia, guardar la carta para leerla más tarde y atender ahora al armario, pues sus crujidos ya resultaban alarmantes.

Tal armario era ese que llevaba un tiempo melancólico, recordando historias de los árboles de su especie, por lo que pensó que estaría bien escucharle mientras masajeaba su madera con suave cera. Pero primero, teniendo en cuenta lo sucedido con las carpetas, quiso abrir el armario y prestar consideración a lo que había quedado guardado en su interior. Cuando lo hizo, lo primero que vio fueron sus botas. Sus queridas y enormes botas. ¡Cuántos recuerdos preciosos despertaron en su memoria!

InspirAcción
Encontrar la brújula
Acude a tu regazo. Pide audiencia y pregúntale a tu corazón qué es lo que sabe.
William Shakespeare

Te va a ser fácil jugar a ser Diminuta Máxima, pues ya es así tu alma niña, la que te ha traído de la mano a participar en este cuento, la que sueña y la que guarda intacta tu inocencia.

Para empezar a dar vida en tu vida a esta enana inquieta y soñadora, tienes que adoptar su perspectiva. Ella observa y atiende sus pensamientos, sus emociones y sus sensaciones. Y haciéndolo toma conciencia de lo que entusiasma su corazón. Ella, además, se hace responsable de la coherencia de sus acciones con esa visión y esa misión que va cuajando en su interior.

Así que para jugar aquí y ahora a vibrar en su misma frecuencia, te sugiero que con la excusa de encontrar tus propias metas, remuevas aún más tu “biblioteca”; es decir, avances en la tarea de tener en cuenta todo lo que en tu vida está aparcado, sintiéndose descontento y todo lo que sueña con ser de otra manera. Atiende todo lo que en ti aún no ha encontrado su sitio, su valor y su función; comprometiéndote a acompañarlo en su evolución que es también el viaje hacia tu conciencia de realización en creativa expansión.

En este empeño, te pueden ayudar estas preguntas cuyas respuestas puedes escribir en tu cuaderno de apuntes: ¿Qué es lo que en tu vida reclama ser tenido en cuenta? ¿Proyectos inacabados? ¿Deseos insatisfechos? ¿Heridas del pasado buscando sanación? ¿Conocimiento que espera ser compartido? ¿Talentos por desarrollar? ¿Aprendizajes que piden ser aplicados? ¿Nuevas ideas a poner en práctica? ¿Afectos sin cauces de expresión? ¿Situaciones estancadas anhelando fluir? ¿Sueños que quieren hacerse realidad?

Quizás es el momento en el que vibrando en la frecuencia de Diminuta Máxima, aunque te creas insignificante, te des permiso para sentirte colosal. Eso supone crecer. Apoyar el despliegue de la vida que, en tu conciencia de ser, quiere expandirse para ser admirada, honrada y celebrada.

Si te pones en esa disposición, ya estarás siendo Diminuta Máxima a punto de comenzar tu viaje. Y como ella, antes de salir, necesitas encontrar tu brújula para no perderte.

Para avanzar en ese objetivo, juega a promover que tu corazón se sienta contento. Juega a entusiasmarte. Te sugiero que comiences por repasar la lista de deseos escrita en tu tarjetón. Asegúrate que en esa lista, tales deseos están expresados de forma que, al leerlos, puedas imaginarlos realizados. Repasa también las felices escenas ya descritas en tu cuaderno de apuntes.

Luego quédate en silencio, intuyendo la presencia de tu niño interior, guardián de todos los sueños que alberga tu corazón. Dile a ese niño que es posible, que sois capaces y que merecéis que vuestros sueños se hagan realidad. Imagínate que lo abrazas confiando en que la vida que sois, os guiará. Y dile también que cuentas con su inocencia y su alegría para disfrutar de cada paso en este viaje.

Piensa, además, en todo lo que a tu alrededor, por pequeño que sea, también sueña; y afírmate en la intención de interesarte por sus anhelos y las posibilidades de mutua colaboración.

Después, recita una y otra vez “la canción de la caracola marina”, con el propósito de sentir más confianza, entusiasmo y esperanza. Hazlo así hasta comprobar que, tener la oportunidad de hacer los sueños realidad, abriendo tu conciencia al despliegue de la vida en su infinito potencial, te encanta.

Jugando de esta forma encuentras tu brújula; es decir, entras en contacto con tu corazón, de dónde te viene sabiduría y orientación.

Después, al estilo de Diminuta Máxima, y teniendo en cuenta tus deseos, abre una nueva sección en tu cuaderno y titúlala: “Primeros pasos”. Luego, planea y describe ahí las primeras acciones que vas a llevar a cabo para apoyar el logro de tus objetivos. Comienza por las actividades más fáciles de realizar, las que tengas más a mano y te puedan ayudar a ir más allá del descontento y rumbo a la felicidad. Entendiendo por tal, el libre e inocente movimiento de la vida, surgiendo en ti, en medio de una espontánea alegría y creatividad.

Para abordar esta tarea, contempla el horizonte de tus sueños y observa también tu situación actual. ¿Qué está en tu mano hacer para avanzar un paso más hacia esa soñada realidad?

Teniendo en cuenta cada uno de los deseos de tu lista, escribe en el cuaderno todas las respuestas que se te ocurran a las siguientes interrogantes: ¿Qué haría si supiera que va a salir bien? ¿Qué me gustaría hacer? ¿Qué acciones intuyo que son las más adecuadas? ¿Qué creo que debe hacerse? ¿Qué imagino que harían en esta situación las tres personas que más admiro? ¿De qué dispongo en este momento y en qué me puedo apoyar para progresar hacia mis objetivos?

Recrea en tu imaginación toda posibilidad hasta visualizar cauces para desarrollar su potencial. Separa lo que decidas hacer en pequeños pasos. Elabora una lista de tareas especificando, al lado de cada acción, el propósito por el que quieres llevarla a cabo junto con los resultados que esperas obtener. Planea su realización lo más concretamente que puedas, con fecha y hora cercana. Y modifica tu agenda hasta encontrar espacio para desarrollar toda esta nueva actividad, anulando todo aquello que no sea realmente prioritario para ti.

Ordena tus papeles, despeja tus cajones y tus armarios, regala lo que no usas, despréndete de lo que no necesitas. Delega, pide ayuda y completa los asuntos pendientes que consideras importantes. Juega de todas las maneras que se te ocurran a soltar lastre, a promover fluidez y a crear espacios para dar la bienvenida a todo lo que en ti está queriendo ser.

Prueba a compartir lo que sabes, lo que sientes, lo que tienes y lo que eres, para tomar conciencia de tu colaboración en la realización de los sueños de los que tienes alrededor.

Deja también que tu cuerpo te guíe en esta experiencia. Date un masaje para reconocer tensiones y promover flexibilidad. Atiende las zonas de insensibilidad o dolor; e imagina, mientras respiras conscientemente, que toda tu energía encuentra saludables cauces de expresión.

Mantén la intención de facilitar que todo pueda ser de alguna nueva y soñada manera. Y hazlo, sobre todo, cuando estés acariciando lo que más bloqueado se muestra, lo que más se lamenta y lo que lleva más tiempo esperando tu atención. Sueños que van a necesitar calzarse con la más enorme inocencia, con la más pura fe, con la horma de una vida que quiere sentirse útil y colaborar en la manifestación de lo que el corazón quiere contemplar. ¡Alégrate al comprobar que ya estás participando en tarea tan fenomenal!

Y así como Diminuta Máxima, al atender los lastimosos crujidos de su armario, decidió mirar en su interior y encontró sus queridas botas. Ahora también te invitamos, todos los miembros del clan, a ponerte el calzado que te permita moverte entre tus sueños y, al hacerlo, calzar también una feliz realidad.

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