Por pequeño que sea, todo sueña; y siguiendo el sueño que canta en su corazón, todo encuentra su sitio, su valor y su función en otro sueño aún mayor, donde vibrando en sintonía, todo despierta latiendo con un solo corazón.
La marea de cada día deja en la playa inesperados tesoros. A veces son restos de nuestros sucesivos naufragios, y podemos transformarlos en material útil para nuevas travesías. Ola a ola… caracola.
Juego a encontrarme con todo aquello que, en mí conciencia de ser, se está queriendo manifestar. Cuando lo encuentro juego a soñar que ya está presente y lo ayudo en su evolución, afirmándome en la intención de colaborar con la vida en su creativa expansión.
Juego con mi alma niña, guardiana de todos los sueños que, sabiéndose felices, esperan ser elegidos. Como en su inocencia, todo cabe y todo brilla, dejo que sea ella la que marque el rumbo en este lúdico periplo sin distancia.
Es un juego al que siempre se puede volver para volver a empezar, apoyando cada aspecto de la vida que, por pequeño que sea, sueña.

¿Qué es lo que, en ti, está esperando a ser?
* * * * * *
¿Qué es lo que, en tu vida, quiere crecer y evolucionar?
* * * * * *
¿Qué es lo que, en tu experiencia vital, está estancado y reclamando tu atención?
* * * * * *
¿Qué es lo que, en tu conciencia de ser, se está queriendo manifestar?
* * * * * *
¿Qué sueños quieren hacerse realidad?

¿En qué aspectos de tu presente puedes apoyarte para avanzar hacia tu soñada realidad?
* * * * * *
¿En qué recursos?
* * * * * *
¿En qué afectos?
* * * * * *
¿Qué talentos, cualidades y actitudes pueden resultarte de utilidad?

Asegúrate que al hacer estas preguntas, tienes el propósito de atender todo aquello que aparezca en forma de respuesta; sea un proyecto postergado, una ilusión adormecida o cualquier tipo de semilla que en el territorio de tu experiencia quiere verse florecida. Tenga la forma que tenga, siempre es vida queriendo ser vida expandida.
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"Lo que el corazón quiere contemplar"

Capítulo 1: Por pequeño que sea todo sueña
Un recuerdo amorosamente fundado nos limpia los pulmones … nos aviva la sangre nos sacude el otoño … nos renueva la piel y a veces convoca lo mejor que tenemos el trocito de hazaña que nos toca cumplir.
Mario Benedetti

La marea de cada día deja en la playa inesperados tesoros. A veces son restos de nuestros sucesivos naufragios, y podemos transformarlos en material útil para nuevas travesías. Ola a ola… caracola. He encontrado estas frases en un viejo cuaderno y me han parecido como si estuvieran escritas para leerlas en un día como hoy. Un día en el que creo posible volver y, a la vez, volver a empezar.

Aquí estoy. Sentada sobre las arenas de una playa. Frente al mar. Aquí venía en mi infancia. Y si algo en mí aún está esperando a ser, aquí debe encontrarse. Aquí y en alguna estantería, con los tebeos, los cuentos de hadas, las vidas de algunos santos y todos los libros de mi vida.

Me sorprende comprobar que todavía conservo, casi intactos, además de los viejos apuntes, algunos recuerdos. Como por ejemplo, ese en el que, allá por los años cincuenta, soy una niña esperando que llegue al kiosco el extra de Navidad de un tebeo llamado TBO. Recuerdo una parte de ese extra que me gustaba especialmente. Era una viñeta a la que volvía una y otra vez. Se trataba de la ruleta del destino para el Año Nuevo. Básica, literal, lineal, inocente y prehistórica si la comparamos con el más sencillo juego infantil actual. Un simple ramillete de dibujos ordenados en círculo ante el que el lector tenía que poner todo de su parte para encontrar, todo también, dentro de su imaginación.

Las instrucciones eran escuetas. Y yo, como si de un esotérico ritual se tratara, las seguía a rajatabla. Había que poner un dedo justo encima del centro de la circunferencia, cerrar los ojos y pensar en tus deseos. Luego se iban haciendo círculos sobre el papel hasta que se intuyera que era el momento de parar. Entonces ya podías mirar; y el dibujo sobre el que había quedado posado el dedo, representaba el regalo que te llegaría con el Año Nuevo. Teniendo en cuenta la iconografía de la época, es posible que hubiera un pavo, un billete de lotería y seguro que también un corazón.

Cuando abría los ojos pensaba que aquello era sólo un juego. Ese pensamiento venía como una chispa de racionalidad; pero, casi al mismo tiempo, emergía la esperanza de que ese juego, como cada cosa en la vida, guardara en su interior una ley universal; una ecuación creadora que se iba a poner en marcha independientemente de la comprensión del jugador, pero en directa relación con su fe y su entrega incondicional al juego.

Ahora también creo que la vida extiende su poder creador a quien la abraza sin prejuicios. Ahora comparto la esperanzada certidumbre de aquella niña. Y ahora, además, ante la infinita abundancia de la rueda de la vida, en mi interior emerge claro un anhelo que al expresarlo en palabras me suena a encantamiento: Por pequeño que sea, todo sueña; y siguiendo el sueño que canta en su corazón, todo encuentra su sitio, su valor y su función en otro sueño aún mayor, donde vibrando en sintonía, todo despierta latiendo con un solo corazón.

Me entusiasma esta visión. A ella vuelvo una y otra vez como a un puerto seguro en los días de tormenta, cuando baja la marea, y hasta cuando hay nieve sobre la arena de mis días. Me abrazo a la inocencia de este sueño y me dejo reconfortar por la profunda alegría que me inspira.

En medio de este impulso de reencuentro y renovación llevo un tiempo reorganizando mi biblioteca, pero no he encontrado ningún ejemplar de esos extras de Navidad del TBO. Sin embargo, he intuido que sigue estando ahí la niña de las secretas certezas. Sigue ahí y, siguiendo los dictados de mi corazón, le he escrito una carta para que ella también me sienta. Me la imagino alma y también un poco artista, queriendo ser protagonista. No estoy segura si he venido a buscarla o si es su mano la que me lleva, pero sé que quiero estar aquí y ahora, presente para ella.

También, dentro de un ajado cartapacio, he encontrado el borrador de un relato que hace tiempo dejé inacabado. Anotaciones que ahora me llaman y me piden continuación. Como respuesta, he dejado la carta dentro de la carpeta y he recogido esos apuntes que, de partida, he decidido considerar un cuento de encuentro.

Digo de partida porque conforme voy perseverando en este empeño, algo se está movilizando en mi interior, como si esos folios me quisieran llevar muy lejos; pero no sólo más allá, sino también más adentro. Y digo de encuentro porque esos apuntes, los recuerdos, mis deseos y la niña protagonista se van entrelazando como los restos de sucesivos naufragios, material útil para nuevas travesías.

Ola a ola… caracola.

InspirAcción
La canción de la caracola marina
Vuelvo de buen talante y buena gana se fueron las arrugas de mi ceño por fin puedo creer en lo que sueño estoy en mi ventana.
Mario Benedetti

Querido lector, si quieres participar en este recreo, te doy la bienvenida.

Juego a encontrarme con todo aquello que, en mí conciencia de ser, se está queriendo manifestar. Cuando lo encuentro juego a soñar que ya está presente y lo ayudo en su evolución, afirmándome en la intención de colaborar con la vida en su creativa expansión.

Es un juego al que siempre se puede volver para volver a empezar, apoyando cada aspecto de la vida que, por pequeño que sea, sueña.

Juego con mi alma niña, guardiana de todos los sueños que, sabiéndose felices, esperan ser elegidos. Como en su inocencia, todo cabe y todo brilla, dejo que sea ella la que marque el rumbo en este lúdico periplo sin distancia.

Para jugar tú también, te sugiero comenzar recordando cómo jugabas de niño. Mejor aún, además de recordar, en los próximos días, date la oportunidad de jugar a esos juegos que, entonces, eran tus preferidos. Y si es posible, juega con niños.

Mientras juegas, fácilmente te encontrarás imaginando, sin prejuicios, que todo es posible. Te divertirás experimentando y disfrutarás dando rienda suelta a tu creatividad. Además, entrarás en contacto con el niño que hay en ti. Por todo ello, será una estupenda oportunidad para preguntarle despacito: En nuestra vida, ¿qué es lo que está esperando a ser? ¿Qué es lo que sueña con ser de otra manera? ¿Qué es lo que nuestro corazón quiere contemplar?

Asegúrate que al hacer estas preguntas, tienes el propósito de atender todo aquello que aparezca en forma de respuesta; sea un proyecto postergado, una ilusión adormecida o cualquier tipo de semilla que en el territorio de tu experiencia quiere verse florecida. Tenga la forma que tenga, siempre es vida queriendo ser vida expandida.

Para favorecer aún más este diálogo interior, si tienes cerca una playa, te recomiendo un paseo con los pies descalzos, sobre la arena y cerca de la orilla. Pero igualmente, si te resulta más fácil, puedes caminar por la montaña, seguir el cauce de un río, acercarte andando a la plaza de la esquina o, hasta nos serviría, simplemente bailar un rato o hacer un poco de gimnasia.

Sea como sea, después de un tiempo de mantener tu cuerpo en movimiento, busca un lugar tranquilo: siéntate, quédate en silencio, cierra los ojos e imagina que estás en alguna escondida cala observando la marea de tu vida.

Toma conciencia del ritmo de tu respiración y sigue su compás visualizando con cada inspiración y expiración, olas que vienen y van. Olas que dejan en la orilla de tu atención aspectos valiosos de tu experiencia vital, como cualidades, aprendizajes, recursos, afectos y todo tipo de tesoros; incluidos restos de sucesivos naufragios, que te animo a contemplar como material útil para nuevas travesías.

Después de un rato valorando esos elementos de tu presente, vuélvete a preguntar por todo aquello que en ti quiere crecer y evolucionar. Escucha las respuestas sin prejuicios, acoge esos sueños con ternura y, a una con la inocencia de tu alma niña, juega a visualizar que en esa playa de tu paisaje interior descubres, recoges y escuchas, una caracola marina.

Caracola que al cantarte lo que canta el fondo del mar, imaginas que, desde su áurea proporción, está cantando a coro con la vida, que tiene ganas de jugar. Así dice ese cantar que, como final de este momento de introspección, te invito a recitar: Por pequeño que sea, todo sueña, y siguiendo el sueño que canta en su corazón, todo encuentra su sitio, su valor y su función en un sueño aún mayor, donde vibrando en sintonía, todo despierta latiendo con un solo corazón.

Creo que este estribillo representa el sueño que canta el corazón de la vida, y al cantarlo, apoya todos los sueños que están latiendo en su seno. Así que también puede ser hechizante canción de juego para todos esos anhelos que se han presentado ante ti, queriendo llegar a ser de alguna soñada manera.

No obstante, tienes que saber que, para que este estribillo adquiera poder de encantamiento, has de recitarlo confiando en que dentro de este juego de la vida, todo guarda en su interior una ley universal; una ecuación creadora que se pone en marcha independientemente de la comprensión del jugador, pero en directa relación con su fe y su entrega incondicional al juego.

Al poner en práctica estas sugerencias, das comienzo a esta experiencia lúdica que denomino InspirAcción y juega contigo tu niño interior. Si quieres intuir mejor su presencia puedes buscar algunas fotos de tu infancia y, mientras las contemplas, empezar a pensar en los ánimos que quieres transmitir a tu alma niña ahora qué juntos vais a jugar a ser; apoyando todo aquello que, en vuestra vida, expandiendo su potencial, quiere ser más allá.

Y además de todo esto, para seguir con lo que viene a continuación, tienes que ir más lejos; pero no sólo más allá, sino también más adentro. Cosa que mejor que en una playa, se hace dentro de un cuento. Y eso nos viene fenomenal, pues, como ya te he explicado, he recuperado un relato inacabado al que voy a incorporar un final feliz y, como parte de este juego, contigo lo quiero compartir.

Ahora tienes la oportunidad de seguir en este recreo, jugando a entrar en un cuento que está yendo a tu encuentro.

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